Millones de aficionados llegarán a Norteamérica para la Copa Mundial de la FIFA, pero detrás de la fiesta, expertos en salud pública trabajan para desplegar un "escudo invisible" contra diversas amenazas sanitarias.
Con 48 equipos distribuidos en Estados Unidos, México y Canadá, la magnitud de este evento, el más grande en la historia del torneo, pone a prueba los manuales de seguridad. Los especialistas advierten que los riesgos comunes se intensificarán. La enfermedad relacionada con el calor es considerada uno de los riesgos más confiables, sumada a las infecciones respiratorias y el sarampión, que ha registrado un aumento de casos en los tres países anfitriones.
También existen preocupaciones sobre arbovirus como el dengue y la chikunguña, que podrían encontrar una cadena de transmisión más sustancial debido al flujo masivo de personas. En cuanto a enfermedades graves, el brote de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda ha activado protocolos estrictos; los viajeros de esas zonas deberán aterrizar en aeropuertos específicos como Atlanta, Houston o Dulles para someterse a controles sanitarios.
Para monitorear estas amenazas, se implementan herramientas avanzadas. En Dallas, se utilizarán pruebas metagenómicas en aguas residuales para detectar patógenos de forma pasiva, mientras que Filadelfia contará con un laboratorio móvil para diagnósticos rápidos en el terreno. Además, la Universidad de Georgetown ha puesto en marcha un Centro de Operaciones de Seguridad Sanitaria para distribuir informes diarios de vigilancia a organizaciones y gestores de emergencias.
Con una inversión de 625 millones de dólares otorgada por FEMA a las ciudades sede, la coordinación entre agencias federales, locales y la Organización Panamericana de la Salud será crucial para gestionar la vigilancia rápida y la comunicación clara durante la competencia.
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