¿Sabía que la aviación en Costa Rica es uno de los sectores más desaprovechados del país? No hablamos solo de aerolíneas comerciales, sino de una amplia cadena de valor que incluye aviación corporativa, privada, recreativa y técnica; un ecosistema de pilotos, ingenieros y talleres que sostienen a cientos de familias costarricenses.
Sin embargo, la industria atraviesa una profunda crisis estructural. El problema no es técnico, sino institucional. La Dirección General de Aviación Civil, la DGAC, se ha convertido en una estructura marcada por la burocracia y la desconexión con las necesidades reales del sector. Procesos interminables y criterios inconsistentes frenan la inversión y la generación de empleo.
Incluso la ley de reducción de trámites se ha vuelto un simple formalismo. Los plazos de respuesta obligatorios no se cumplen, dejando expedientes detenidos por meses o años. A esto se suma un modelo de gestión donde el Consejo Técnico de Aviación Civil permite que solo siete personas definan el futuro operativo de toda una industria altamente especializada.
Mientras otras naciones modernizan sus autoridades aeronáuticas para fomentar la conectividad y el turismo, en Costa Rica resulta cada vez más difícil operar. El país posee ubicación estratégica y talento humano, pero la ineficiencia institucional aleja las oportunidades y ahuyenta a operadores internacionales.
El gremio no pide privilegios, sino condiciones razonables para trabajar y crecer. Se urge una transformación profunda: la creación de un instituto autónomo de aviación civil, moderno, técnico e independiente, además de un organismo especializado para la investigación de accidentes.
El llamado es directo a la presidencia: Costa Rica necesita una limpieza profunda y liderazgo real para transformar un sistema paralizado en una herramienta de desarrollo económico. La decisión está ahora en sus manos.
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