¿Solemos pensar en la salvación solo como un evento futuro, algo que no pertenece a nuestro tiempo? Contrario a esa creencia, la reflexión sobre la vida de San Felipe Neri nos invita a comprender la salvación como un presente que ya opera en nuestra historia.
Lo que los profetas del Antiguo Testamento indagaron y escrutaron es una realidad actual. A través de la celebración de la Pascua y la resurrección de Jesús, la humanidad ha entrado en el tiempo de la nueva creación. Por lo tanto, no nos encontramos en un periodo de pura espera, sino de realización.
Es cierto que esta realización no se manifiesta de manera plena en nosotros, pero la gracia de Dios ya ha aparecido. Esto se traduce en una responsabilidad clara: el llamado a la santidad. Esta búsqueda no debe ser motivo de orgullo ni de superioridad, pues se trata de una "santidad en camino". El propósito es conducir una vida santa para que aquellos que aún no conocen la resurrección de Cristo puedan recibir la noticia.
En este recorrido existen desafíos. Internamente, enfrentamos apegos, resistencias y pecados; externamente, podemos hallar el rechazo del entorno o incluso persecuciones. No obstante, los signos de esta nueva condición son evidentes. Al responder al llamado de Cristo, se adquieren bienes incalculables, especialmente la pertenencia a una fraternidad universal de hijos de Dios, anticipando así la vida eterna y la plenitud de la existencia.
San Felipe Neri encarnó este concepto de modo sencillo y encantador, demostrando que es posible hacer presente el cielo en la tierra hoy mismo.
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