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La paradoja de la carrera: Una lección sobre la humildad

El autor Leith Anderson cuenta que en cierta ocasión leyó una historia acerca de una carrera de bicicletas en India, cuyo objetivo era recorrer la menor distancia posible en un tiempo específico. Al inicio de la competencia todos se alistaron en la línea de salida, y cuando sonó el disparo todas las bicicletas permanecieron tan inmóviles como pudieron. A los participantes se los descalificaba si caían o si apoyaban sus pies sobre la tierra. Así que avanzaban con suficiente lentitud como para mantener la bicicleta en equilibrio. Cuando terminó el tiempo y sonó otro disparo, el ciclista que más había avanzado era el perdedor, y quien estaba más cerca de la salida era el ganador. Podemos imaginar cómo sería participar en esa carrera sin comprender cómo es que funciona. Al inicio de la competencia usted pedalea lo más fuerte y rápido que puede. Al ver hacia atrás se anima cuando observa a los demás corredores muy cerca de la línea de partida. Al fin oye el disparo del final de la carrera y se deleita porque es el indiscutido ganador. Sin embargo, sin duda alguna usted es el perdedor porque malinterpretó cómo se corre la carrera. Así también ocurre en la vida. Muchos pasan sus años compitiendo con otros, tratando de demostrar que son mejores, más importantes o más exitosos. Creen que el objetivo es avanzar más rápido que los demás, acumular más logros, tener más dinero, más reconocimiento o más poder. Se comparan constantemente y sienten que solo tienen valor si están “adelante” de otros. Sin embargo, Jesús nos plantea otra forma de “correr”. Como bien la explica Anderson, “la estrategia ganadora [de Jesús] para esta vida y para toda la eternidad es preocuparnos de los demás y no de nosotros mismos. Es dejar que otros vayan primero y no esforzarnos por llevar la delantera. Es dar sin esperar recibir. Es ser humildes, como lo fue Él”. Será muy triste descubrir, al final de la existencia, que se gastaron todas las fuerzas en una manera equivocada de correr la carrera de la vida. Espero sinceramente que este no sea su caso, estimado lector. Porque “muchos de los primeros serán últimos y los últimos serán primeros” (Marcos 10:31).

La paradoja de la carrera: Una lección sobre la humildad

¿Imagine una carrera donde el objetivo no es llegar primero, sino avanzar lo menos posible?

El autor Leith Anderson comparte la historia de una peculiar competencia de bicicletas en India. En este evento, la regla era clara: el ganador sería aquel que se mantuviera más cerca de la línea de salida al sonar el disparo final. Los ciclistas debían luchar contra el impulso, moviéndose con extrema lentitud para mantener el equilibrio, ya que apoyar los pies en la tierra significaba la descalificación inmediata. En este escenario, quien pedaleaba con más fuerza terminaba siendo el perdedor por malinterpretar la naturaleza de la carrera.

Esta paradoja refleja una realidad común en la vida humana. Muchas personas dedican sus años a competir, tratando de demostrar que son superiores, más importantes o más exitosas que el resto. Bajo esta lógica, el objetivo es avanzar más rápido que los demás, acumulando logros, dinero, reconocimiento y poder, sintiendo que su valor personal depende exclusivamente de estar "adelante" en una comparación constante.

No obstante, Leith Anderson explica que Jesús plantea una forma distinta de "correr". La estrategia ganadora para esta vida y la eternidad no es la competencia, sino la preocupación por los demás. Consiste en dejar que otros lleven la delantera, practicar la humildad y dar sin esperar nada a cambio, siguiendo el ejemplo de Jesús.

Sería lamentable descubrir, al final de la existencia, que se invirtieron todas las energías en una manera equivocada de vivir. La advertencia es clara en el libro de Marcos 10:31: “muchos de los primeros serán últimos y los últimos serán primeros”.

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