¿Imaginas pagar la renta de un año o el enganche de un coche por un boleto de futbol? Esta es la realidad que enfrentan los aficionados para asistir a la final entre Pumas y Cruz Azul en la Ciudad de México.
Mientras los precios oficiales de Pumas oscilan entre los 400 y mil 150 pesos, la distancia con el mercado de reventa es un abismo financiero. En la plataforma Viagogo, los tickets más accesibles se ofrecen en 9 mil 559 pesos, mientras que las localidades más exclusivas han alcanzado los 267 mil 498 pesos, lo que representa un incremento de hasta 200 veces su valor inicial. Por su parte, StubHub ha fijado rangos entre los 12 mil 900 y los 40 mil 500 pesos.
El proceso de adquisición ha sido un calvario digital. Durante la preventa de Ticketmaster, los usuarios reportaron fallas críticas, errores en los pagos y filas virtuales que superaron las 100 mil personas. Los seguidores denuncian recargos de 500 pesos y una disponibilidad limitada a zonas preferentes, lamentando que el sistema colapsara tras horas de espera.
La situación se repitió para el partido de ida en el Estadio Ciudad de los Deportes. Aunque Cruz Azul diseñó una escala de precios oficiales de hasta 3 mil 900 pesos, los abonados expresaron su indignación al descubrir que Ticketmaster solo les permitía elegir entre cinco sectores específicos.
Con la preventa agotada, el público general se prepara para la apertura del sistema este miércoles, anticipando un nuevo naufragio frente a las pantallas debido a la mínima disponibilidad. El ritual del aficionado ha pasado de las banderas en las taquillas a la frustración de un negocio digital que excluye a gran parte de la hinchada.
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