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Comodoro Rivadavia abre el primer museo de anestesiología de la Patagonia

El quirófano del antiguo hospital de Astra, la mesa de anestesia de 1913 que perteneció al nosocomio de Diadema y un pulmotor que data de 1907 y que está en excelente estado de conservación. El Museo Austral de Anestesiología se inauguró en diciembre y este lunes abrirá sus puertas en forma oficial para exhibir y exponer gran parte de la historia de esa especialidad, un verdadero viaje en el tiempo con más de 600 objetos que muestran cómo era la medicina en Comodoro Rivadavia y en el mundo.

Comodoro Rivadavia abre el primer museo de anestesiología de la Patagonia

En el marco del Día Internacional de los Museos, la ciudad de Comodoro Rivadavia celebra la apertura oficial al público del Museo Austral de Anestesiología. El espacio, ubicado en el edificio de la entidad sobre la calle Portugal al 600, abrirá sus puertas este lunes en un horario extendido de 10 a 20 horas, para luego establecer una rutina de visitas de martes a viernes, de 12 a 16 horas, incluyendo opciones de recorridos guiados.

La génesis de este proyecto se remonta a un modesto armario situado en la planta baja del hall de la Asociación Austral de Anestesiología. Allí, el doctor Roberto Sabino, un histórico anestesiólogo de 81 años, había almacenado durante décadas diversos aparatos e instrumentos de anestesia que habían quedado en desuso. Lo que comenzó como un depósito de rezagos profesionales se transformó, en diciembre de 2023, en un sueño cumplido: la inauguración de un museo que propone un viaje en el tiempo por la historia de la medicina y la especialidad anestésica.

La Asociación Austral de Anestesiología, institución que alberga el museo, fue fundada en 1981. En sus inicios, integró a profesionales de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego como filial de la Federación Argentina de Asociaciones de Anestesiología, debido a que la escasa cantidad de especialistas en la zona obligó a las tres provincias a unirse para alcanzar el cupo mínimo de integrantes. El objetivo primordial era mantener la unidad a pesar de las distancias territoriales y defender los intereses científicos, éticos y gremiales de los médicos. Roberto Sabino, oriundo de Buenos Aires, llegó a Comodoro Rivadavia en 1977 buscando tranquilidad frente a la violencia política de la capital, integrándose al Hospital Regional bajo la dirección del doctor Héctor Silbering.

El museo se posiciona como el primero en su temática en la Patagonia, el segundo en Argentina y el segundo en Latinoamérica. Para lograr este nivel de profesionalismo, la entidad contó con la colaboración de Pilar Dalmazzo, profesora en Artes Visuales y magíster en Dirección y Gestión de Museos. Dalmazzo se sumó al proyecto en abril de 2024, encargándose de la catalogación, limpieza, inventario e investigación de las piezas. La curadora admitió que el desafío inicial fue transformar objetos que no eran estéticamente llamativos en una narrativa histórica coherente, trabajando en conjunto con el doctor Sabino para recopilar material de diversos puntos del país, incluyendo donaciones del Museo de Buenos Aires y piezas provenientes de hospitales de Rawson, Esquel, Diadema y Río Negro.

Una de las atracciones principales es la reconstrucción de un quirófano de 1925 perteneciente a Astra. Sabino y su equipo lograron rescatar este espacio que se encontraba en estado de deterioro, solicitando a la Sociedad Cooperativa Popular Limitada el traslado de sus componentes. El trabajo de Dalmazzo fue meticuloso, trasladando azulejos, lámparas, la camilla, zócalos, sanitarios y piletas para recrear fielmente la cápsula del tiempo en el corazón del barrio Roca.

Además del quirófano, el museo exhibe más de 600 piezas, entre las que se destacan los primeros vaporizadores, respiradores, flujómetros y canisteres. Una pieza singular es la “variante telefónica” creada por Sabino, un teléfono adaptado que reproducía música y administraba gases mediante vapor para inducir la anestesia en niños a través del juego, innovación que fue premiada en un congreso. La exhibición incluye también una línea del tiempo que abarca desde el nacimiento de la anestesiología moderna en 1846 hasta los desafíos impuestos por la pandemia de Covid, pasando por los métodos utilizados por civilizaciones antiguas antes de la llegada del éter, el cloroformo y el óxido nitroso.

El doctor Sabino reflexiona sobre la evolución tecnológica de su profesión, contrastando la época en que el monitoreo dependía del tacto del médico sobre la arteria radial o la observación del color de la mucosa, con los monitores actuales que miden la saturación de oxígeno y la concentración de gases inhalados. Para el especialista, la creación de este museo, cuya difusión ha sido impulsada por la estudiante de Comunicación Social Camila Orellana, cierra un círculo vital en su carrera, permitiendo que la comunidad y los estudiantes de medicina, enfermería e instrumentación accedan a los entretelones de una especialidad fundamental pero a menudo desconocida para el público general.

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