El enfrentamiento entre las dos academias se transformó en un escenario de intensas disputas arbitrales que prometen generar debate durante un largo tiempo. El partido, desarrollado en Arroyito, estuvo signado por una serie de intervenciones del VAR y decisiones del colegiado que alteraron el rumbo emocional y técnico del encuentro, dejando una sensación de controversia que superó lo estrictamente deportivo.
Uno de los puntos más críticos de la jornada ocurrió en el inicio del complemento. Tras haber terminado la primera mitad en desventaja, Rosario Central tuvo la oportunidad inmediata de igualar el marcador. Alejo Véliz logró anotar un gol que parecía devolverle la paridad al equipo canalla; sin embargo, la alegría fue efímera. El juez de línea levantó la bandera de manera inmediata para señalar un offside. A pesar de la rapidez de la señal, la expresión del asistente, al ser encarado por los jugadores de Central, reflejaba una evidente duda sobre la corrección de su llamado.
Esta incertidumbre fue despejada posteriormente por el VAR, que confirmó la anulación del gol. No obstante, la naturaleza de la decisión fue tan ajustada y fina que quedó abierta a múltiples interpretaciones, alimentando la sensación de injusticia en el bando local y convirtiéndose en uno de los ejes centrales de la polémica del encuentro.
Con el transcurrir del segundo tiempo, las tensiones en Arroyito no hicieron más que aumentar. El foco de la controversia se trasladó entonces a las tarjetas. En una acción ocurrida dentro del área de Central, Adrián Martínez propinó un manotazo a Emmanuel Coronel. En primera instancia, el árbitro Darío Herrera consideró que la infracción ameritaba una tarjeta amarilla. No obstante, el VAR intervino nuevamente, solicitando al juez que revisara la jugada en el monitor. Tras analizar las imágenes, Herrera decidió modificar su criterio y mostró la tarjeta roja al jugador de Racing.
Esta expulsión de Maravilla Martínez resultó determinante para el ánimo del conjunto de Avellaneda. El equipo y su cuerpo técnico consideraron que la decisión, impulsada por la revisión tecnológica, fue demasiado exagerada para la acción cometida. Este sentimiento de agravio permeó el resto del partido, generando una atmósfera de irritabilidad en el plantel visitante que ya no veía la conducción del encuentro como neutral.
La tensión acumulada en el banco de suplentes de Racing alcanzó su punto máximo durante el periodo suplementario. En ese tramo decisivo, Darío Herrera mostró la segunda tarjeta amarilla a Di Cesare, quien había cometido una falta para cortar un desborde ofensivo de Rosario Central por el sector derecho. Esta decisión provocó un estallido de indignación en el cuerpo técnico visitante.
El enojo fue descrito como brutal, especialmente por parte de Gustavo Costas. La protesta no fue solo del entrenador, sino también de su hijo, Gonzalo Costas, quien desempeña el rol de ayudante de campo. La vehemencia de los reclamos fue tal que el árbitro decidió expulsar también al joven Gonzalo Costas, dejando al equipo de Avellaneda con una crisis de liderazgo en el banco en los minutos finales.
En definitiva, el duelo entre las academias quedó marcado por un guion donde el VAR y las decisiones disciplinarias de Darío Herrera fueron los protagonistas absolutos. Desde el gol anulado a Véliz hasta la cadena de expulsiones que culminó con la salida de Gonzalo Costas, el partido se convirtió en un catálogo de situaciones polémicas que dejarán huella en la memoria de los aficionados y analistas del fútbol.


