El anuncio del plan estadounidense para asegurar el tránsito de buques a través del Estrecho de Ormuz, denominado Proyecto Libertad, ha generado incertidumbre y una rápida condena por parte de Irán. El Mando Central de EE.UU. desplegará destructores con misiles guiados, más de 100 aeronaves y plataformas no tripuladas, aunque no ha detallado cómo estos activos garantizarán la seguridad de la navegación comercial.
Expertos como Jennifer Parker, del Lowy Institute, sugieren que la operación busca principalmente aumentar la presencia militar estadounidense en la zona para infundir confianza a los buques mercantes, más que proporcionar una protección directa inmediata. Se contempla un aumento de buques de guerra estadounidenses en el estrecho, lo que obligaría a Irán a escalar la confrontación al atacar directamente a la Marina de EE.UU., algo que hasta ahora no ha hecho.
Irán ha advertido que cualquier interferencia estadounidense en el Estrecho de Ormuz se considerará una violación del alto el fuego vigente desde abril. El jefe de la Comisión de Seguridad Nacional del parlamento iraní, Ebrahim Azizi, criticó el anuncio de Trump como “delirante”, mientras que un comandante de las fuerzas armadas iraníes amenazó con atacar cualquier fuerza militar extranjera que se acerque al estrecho.
Ejecutivos navieros se muestran escépticos sobre la efectividad del plan, señalando que se requiere la cooperación de ambas partes para desbloquear la situación. La Marina de EE.UU. ha sido cautelosa en el despliegue de buques de guerra en el estrecho, dada la amenaza de misiles antibuque y embarcaciones de ataque pequeñas iraníes.
Analistas señalan que EE.UU. carece de los recursos necesarios para realizar operaciones de escolta tradicionales, como las llevadas a cabo durante la “guerra de los petroleros” en la década de 1980. La operación actual parece enfocarse en una presencia disuasoria y en la capacidad de responder a posibles ataques.
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