Un equipo arqueológico liderado por el egiptólogo Armando Mei ha descubierto una intrincada red de túneles y columnas de piedra ocultas bajo la meseta de Giza, cerca de la Gran Esfinge y las pirámides de Keops y Kefrén. El hallazgo, fruto del Proyecto Kefrén, podría reescribir la comprensión actual del antiguo Egipto y sus avanzados conocimientos de ingeniería.
Los investigadores han identificado tres pozos principales. El primero, al noreste de la Esfinge, desciende unos 40 metros con paredes revestidas de piedra caliza y arenisca. A 12 metros de profundidad, se abre a una cavidad de 24 metros de ancho, cuya formación precisa sugiere un diseño intencional. Un segundo pozo se alinea con el Corredor Procesional de Kefrén, mientras que el tercero, cerca de la pirámide de Keops, presenta una entrada reforzada con bloques de piedra, indicando un uso frecuente para elevar o guiar objetos.
La corta distancia entre los túneles, menos de 50 metros, sugiere un patrón geométrico intencional, posiblemente relacionado con la alineación de las pirámides y el cinturón de Orión. El equipo de Mei utilizó georradar y tomografía para mapear la red de cavidades, planteando interrogantes sobre su propósito: ¿un sistema hidráulico vinculado al Nilo, una red de rituales secretos, o las cámaras subterráneas mencionadas por historiadores como Heródoto?
El diseño interior de las estructuras refleja la precisión de las construcciones en la superficie, con columnas que podrían haber servido como portales verticales conectando una red subterránea. "Durante décadas se ha pasado por alto el verdadero alcance del mundo subterráneo de Giza, pero estos pozos pueden finalmente revelar un capítulo perdido de ingeniería y prácticas ceremoniales antiguas", afirma Mei. El propósito final de estos descubrimientos sigue siendo un enigma, pero su precisión demuestra que los antiguos egipcios no dejaron nada al azar.
Suscríbete a Noticias lat para más noticias.
