El fallecimiento de Alonso Gonzales Mendoza, conocido como Pompinchú, a los 55 años, ha reavivado el recuerdo de una generación de cómicos ambulantes que marcaron la televisión peruana y la vida cotidiana de Lima. La noticia, confirmada por su hermano Raymundo Mendoza a Latina Noticias, enlaza el destino de Pompinchú con el de otros humoristas populares que, tras alcanzar la fama en los años 90 y 2000, enfrentaron finales difíciles.
En la última década del siglo XX, un grupo de cómicos ambulantes se consolidó como fenómeno social en el parque Universitario y la plaza San Martín de Lima. Su humor espontáneo y vinculado a la vida urbana atrajo primero a transeúntes y, poco después, a productores de televisión. Así nacieron programas como El show de los cómicos ambulantes, emitido por Latina, y Los reyes de la risa, de Panamericana Televisión. Estos espacios ofrecieron a los humoristas la posibilidad de llegar a una audiencia nacional.
Pompinchú se convirtió en uno de los rostros más reconocidos de El show de los cómicos ambulantes, junto a colegas como Marcos Castañeda ( Tornillo ), Carlos Linares ( Waflerita ), Miguel Campos ( La Bibi ) y Raúl Espinoza ( Care Chancho ). El programa ofrecía rutinas, monólogos y sketches que reflejaban la realidad social y política peruana de aquellos años.
Muchos de estos artistas ya contaban con el respaldo del público limeño antes de su llegada a la televisión. La exposición mediática les permitió obtener reconocimiento y mejores ingresos, aunque la transición de la calle al set de grabación también implicó retos personales y profesionales.
Con su partida, Alonso Gonzales se unió en el cielo junto a otros integrantes de este programa que le arrancó más de una carcajada al público peruano durante una difícil coyuntura política. No todos los integrantes lograron mantener la estabilidad después del éxito televisivo. El desgaste físico, las enfermedades y las dificultades económicas marcaron los últimos años de varios de ellos. Muchos de ellos enfrentaron enfermedades graves y fallecieron jóvenes, fenómeno que algunos seguidores denominaron la maldición de los cómicos ambulantes .
Marcos Castañeda, conocido como Tornillo, formó parte del elenco de El show de los cómicos ambulantes. Su personaje, que satirizaba al típico hombre celoso, se volvió popular. Castañeda falleció a los 30 años en 2002 debido a un edema cerebral. El caso de Carlos Linares, apodado Waflerita, refleja el impacto del trabajo en la salud de los comediantes. Linares, recordado por su papel en el sketch Uniendo corazones , desarrolló un cáncer en los ganglios y murió seis meses después del diagnóstico en 2004.
El listado de cómicos que partieron incluye a Miguel Campos ( La Bibi ), quien perdió la vida a raíz de complicaciones por COVID-19, y a Raúl Espinoza ( Care Chancho ), otro rostro familiar del programa de Latina. Otros nombres, como Santos Collantes Rojas ( Tripita ), provenían del elenco de Los ambulantes de la risa de Panamericana. Collantes murió a los 48 años de cáncer a los ganglios, tras una carrera que comenzó en las calles y culminó en la televisión.
El medio también destaca la trayectoria de Marco Alfredo Vidal ( El poeta de la calle ), famoso por sus rápidos versos y su dupla con Ubaldo Huamán ( Cholo Cirilo ). Vidal murió en 2004 a consecuencia de un cáncer de colon. Héctor Chavarría ( Loncherita ), otro humorista emblemático, falleció en 2007 tras ser diagnosticado con cáncer generalizado.
La partida de Pompinchú y de otros cómicos ambulantes ha dejado una huella en la cultura popular peruana. Estos artistas no solo distrajeron al público durante periodos de crisis política y económica, sino que también reflejaron el sentir de la calle y narraron, con humor, las preocupaciones cotidianas de los peruanos.
El humorista Pompinchú falleció a los 55 años después de varios días internado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Santa Rosa de Pueblo Libre. Su hermano, Raymundo Mendoza, confirmó que la causa fue una fibrosis pulmonar. Pese a su delicado estado, su familia compartió videos mostrando que aún conservaba su sentido del humor.
El final de muchos de estos comediantes estuvo marcado por la enfermedad y la precariedad, aunque su contribución al entretenimiento y la identidad peruana sigue siendo reconocida. Para algunos, el recuerdo de las carcajadas compartidas en plazas y televisores sigue vivo, a pesar de las adversidades que enfrentaron fuera del escenario. La pérdida de Pompinchú es un recordatorio de la fragilidad de la vida y de la importancia de valorar el legado de aquellos que nos hicieron reír en tiempos difíciles. Su humor, al igual que el de sus compañeros, sigue resonando en la memoria colectiva del Perú, como un testimonio de una época y de un grupo de artistas que supieron conectar con el pueblo a través de la risa.











