El 1 de mayo se cumplen 32 años de la muerte de Ayrton Senna, un evento que trascendió las fronteras del automovilismo y dejó una huella imborrable en el corazón de los fanáticos. El circuito Enzo y Dino Ferrari, en Imola, fue el escenario del fatídico accidente que le costó la vida al piloto brasileño, cuando su Williams FW16 impactó contra el muro de la curva de Tamburello a 216 km/h, tras ingresar a 307 km/h.
La curva de Tamburello ya había sido escenario de accidentes previos, involucrando a pilotos como Nelson Piquet, Gerhard Berger y Michele Alboreto. Senna, quien había ganado en Imola en 1988, 1989 y 1991, intentó modificar la trayectoria de la curva años antes, pero las condiciones del terreno lo impidieron. Berger, compañero y amigo de Senna, había advertido sobre la peligrosidad del muro cercano a la pista tras su propio accidente.
El fin de semana de San Marino de 1994 estuvo marcado por una serie de incidentes. Piquet sufrió un accidente en 1987, mientras que Berger sobrevivió a un incendio en 1989. Alboreto también se accidentó en 1991. La tragedia continuó el 29 de abril de 1994 con un accidente de Rubens Barrichello en las pruebas libres y, al día siguiente, la fatalidad de Roland Ratzenberger en la curva Villeneuve. Senna, visiblemente afectado, expresó sus temores antes de la carrera.
La investigación posterior al accidente determinó una falla en la columna de dirección del Williams FW16, modificada a pedido de Senna para mayor espacio en el cockpit. Sin embargo, la Corte de Apelaciones de Bologna desautorizó esta conclusión sin ofrecer una teoría alternativa. El coche fue desmantelado y sus componentes devueltos a sus respectivos fabricantes. A pesar de las controversias, la memoria de Ayrton Senna perdura como la de uno de los mejores pilotos de la historia.
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