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Chernóbil: El regalo inesperado de Cuba a niños afectados

Chernóbil: El regalo inesperado de Cuba a niños afectados
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Hace 40 años, la explosión en Chernóbil marcó una tragedia nuclear de proporciones inimaginables. Pero en medio del desastre, surgió una historia de solidaridad y sanación que pocos conocen: el programa cubano Niños de Chernóbil . Entre 1990 y 2011, más de 26.000 pacientes, principalmente niños de Ucrania, Rusia y Bielorrusia, recibieron atención médica gratuita en la isla caribeña, una iniciativa que transformó vidas y dejó un legado de gratitud.

Roman Gerus, hoy con 27 años, es uno de esos beneficiarios. Aunque no nació cuando ocurrió el accidente en 1986, su familia vivía cerca de la planta nuclear y él desarrolló vitíligo, una enfermedad de la piel, años después. Cuando tenía unos diez u 11 años, los doctores detectaron puntos blancos en mi piel; era vitíligo. Intentamos tratarlo en Ucrania, pero los médicos dijeron que no era tan fácil, que necesitaba medicamentos muy caros y no garantizaban que pudieran ayudarme , relata Gerus. La oportunidad de viajar a Cuba llegó como una sorpresa. Alguien le contó a mi madre que había un programa para ir a Cuba. Ella no se lo creyó al principio porque le dijeron que era gratis, pero averiguó los detalles y rellenó los documentos. Esperamos al menos medio año. De repente llamaron para decir que me iba en dos semanas. No me lo podía creer. Mis padres estaban preocupados porque Cuba está muy lejos de Ucrania y yo era pequeño, pero decidimos seguir adelante y me fui .

Gerus viajó a Cuba en tres ocasiones: la primera a los 12 años por seis meses, la segunda a los 14 por tres meses y la última a los 15 por 45 días. Su destino fue el balneario de Tarará, a unos 30 kilómetros al este de La Habana. Originalmente una urbanización de clase media-alta en los años 50, tras la Revolución Cubana se convirtió en sede de los campamentos infantiles de los Pioneros José Martí. El gobierno cubano rehabilitó la zona para acoger a los miles de pacientes que participarían en el programa.

El complejo de Tarará se transformó en un centro de atención integral, con residencias para los niños y sus acompañantes, dos hospitales, una clínica, un parque de ambulancias, cocina, un teatro, escuelas, parques y áreas recreativas. Los 2 kilómetros de playa cercanos también formaban parte del tratamiento. Los pacientes llegaban con diversas dolencias, desde cáncer y parálisis cerebral hasta problemas dermatológicos, malformaciones, enfermedades digestivas y trastornos psicológicos.

El programa estuvo dirigido por los doctores cubanos Julio Medina y Omar García, quienes clasificaron a los pacientes en cuatro grupos según su estado de salud. Khrystyna Kostenetska, otra ucraniana que participó en el programa a los 12 y 13 años, perteneció al cuarto grupo, destinado a menores sin problemas de salud graves, pero que habían estado expuestos a la radiación. Fui a Cuba en 1991 y 1992 , cuenta Kostenetska. Las dos veces estuve allí 40 días. Se supone que ese es el período en el que el cuerpo humano tiene la capacidad de recuperarse de una dosis baja de radiación .

Kostenetska describe la vida en Tarará, dividida en un campamento bajo para los niños con problemas de salud más graves y un campamento alto para aquellos con menor exposición a la radiación. Vivíamos en pequeñas casas independientes, unos 15 niños en cada una. Los menores del campamento alto no teníamos un tratamiento médico específico, pero sí nos chequearon la visión y nos llevaron al dentista .

Sus recuerdos son agridulces. Recuerdo un mar increíble, las olas, los atardeceres, la naturaleza y los helados, pero también me acuerdo de niños con graves problemas de salud , expone. Eran niños con vitíligo que tenían que llevar manga larga y cubrirse del sol. A pesar de eso, el clima de Cuba sanó a algunos de ellos y aceleró la recuperación de muchos otros .

Para Roman Gerus, la experiencia fue completamente positiva. Después de la segunda vez que fui, todos los puntos se hicieron grises y desaparecieron. Tomé algunos medicamentos, pero la principal medicina fue el sol , afirma. Nadábamos mucho. El océano era precioso. Íbamos con los profesores a la playa; era parte del tratamiento. Siempre queríamos ir . Además de los tratamientos médicos, los niños disfrutaban de actividades recreativas como ir al cine o la discoteca.

A pesar de los buenos recuerdos y la percepción positiva del trabajo cubano, el programa también tuvo sus desafíos. La selección de los participantes fue objeto de controversia, ya que en una Ucrania sumida en una profunda crisis económica, muchas familias no podían costear los billetes de avión para que sus hijos recibieran atención médica en el extranjero. La falta de transparencia en el proceso de selección generó dudas sobre si los beneficiarios eran realmente los más necesitados.

Sin embargo, la gratitud hacia Cuba prevalece en Ucrania y otras antiguas repúblicas soviéticas. Gerus recuerda la amabilidad de los cubanos, a pesar de las dificultades económicas que atravesaban. Aunque era pequeño, era capaz de entender que la situación de los cubanos era difícil; había mucha pobreza. Aun así fueron siempre muy agradables, desde los trabajadores de la cocina hasta los profesores, los encargados de seguridad, los médicos... , evoca. Eran personas de muy buen corazón y eso fue lo más importante .

El programa Niños de Chernóbil finalizó en 2011, pero su impacto perdura en la memoria de miles de personas que encontraron en Cuba un refugio y una oportunidad para sanar las heridas del peor accidente nuclear de la historia. La historia de Roman Gerus y Khrystyna Kostenetska es un testimonio de la solidaridad humana y la capacidad de encontrar esperanza incluso en los momentos más oscuros.

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