París, Francia – Francesco Procopio dei Coltelli, un inmigrante siciliano, abrió en 1686 Le Procope, un establecimiento que se convertiría en el primer café literario de la historia, o al menos, uno de los primeros en la capital francesa. Procopio, quien se había financiado con ganancias obtenidas en el negocio del helado –introducido en Francia en 1533 por Catalina de Medici–, popularizó el consumo de café, una bebida aún poco común en Europa en ese momento.
El café rápidamente se convirtió en un punto de encuentro para intelectuales, artistas y políticos. Alain-René Lesage lo describió como un lugar donde “nobles y cocineros, ingeniosos y tontos, todos parloteando a coro a sus anchas”. Con el paso del tiempo, Le Procope atrajo a figuras como Balzac, George Sand, Víctor Hugo, Rousseau, Montesquieu, Oscar Wilde y Paul Verlaine, entre muchos otros.
La mitología del café incluye anécdotas como los 40 cafés con chocolate diarios de Voltaire, la redacción de artículos de La Enciclopedia por Diderot y la elaboración del borrador de la Constitución estadounidense por Benjamin Franklin. Incluso se dice que el Gorro Frigio hizo su primera aparición en este local. Gérard de Nerval inmortalizó el café en su obra literaria, describiendo a jóvenes poetas y estudiantes que huían allí para escribir.
Durante la Revolución Francesa, Le Procope fue escenario de reuniones y conspiraciones de figuras clave como Robespierre, Danton y Marat, quienes planearon el ataque a las Tullerías en 1792. El local cerró en 1897, pero resurgió 60 años después, exhibiendo objetos como el bicornio que Napoleón, presuntamente, usó para pagar una cuenta. El edificio también albergó la imprenta donde Marat editaba *L’Ami du Peuple*, y anteriormente, el palacio renacentista de Catalina de Medici.
Procopio, gracias a su innovadora combinación de café y cultura, podría ser considerado un mecenas, dejando una huella tan profunda en Francia como la Reina Negra.
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