La exitosa misión Artemis II de la NASA, que orbitó la Luna con una tripulación de cuatro astronautas, ha revelado una paradoja: si bien representa un avance significativo en la exploración espacial, también conlleva una considerable huella ambiental en la Tierra. Un análisis de la consultora Greenly estima que la misión generó entre 2.154 y 2.343 toneladas de dióxido de carbono equivalente incluso antes del despegue, provenientes de la logística y la producción industrial.
El cohete SLS, que utilizó hidrógeno líquido y oxígeno líquido como propulsores, liberó 1.285 toneladas de vapor de agua, evitando la emisión directa de dióxido de carbono. Sin embargo, los impulsores sólidos añadieron partículas de aluminio y cloro, dañinas para la capa de ozono. La producción de hidrógeno, actualmente dependiente del reformado con gas natural, genera emisiones indirectas significativas, mientras que el polibutadieno derivado del petróleo en los impulsores sólidos vincula el despegue a combustibles fósiles.
La reentrada de la cápsula Orion también contribuyó a la contaminación, liberando óxidos y metales que agotan el ozono. Además, la acumulación de desechos espaciales, con más de 130 millones de fragmentos orbitando la Tierra, plantea el riesgo del síndrome de Kessler, una cascada de colisiones que podría inutilizar órbitas enteras.
A pesar de estos impactos, la misión Artemis II ha despertado una mayor conciencia sobre la necesidad de equilibrar el avance espacial con la protección del planeta. Los astronautas, al contemplar la Tierra desde el espacio, transmitieron la urgencia de proteger este “frágil oasis”. La NASA está explorando el uso de recursos lunares, como el hielo, para producir combustible y reducir la dependencia del transporte terrestre, así como el desarrollo de energías renovables para la exploración espacial.
La misión impulsa la innovación en tecnologías de reciclaje y sistemas de soporte vital regenerable, con aplicaciones potenciales en la Tierra. Sin embargo, expertos instan a la cooperación internacional para establecer estándares globales de sostenibilidad en el espacio, incluyendo la mitigación de desechos orbitales y la desorbitación segura de naves. Suscríbete a Noticias lat para más noticias.
