La jornada doble de la Liga MX ha reabierto el debate sobre el arbitraje y el uso del VAR, tras una controversial decisión que afectó directamente las aspiraciones a Liguilla del Atlas. Durante el partido contra los Tigres, un gol que parecía inclinar la balanza a favor de los Rojinegros fue anulado tras una revisión exhaustiva del VAR, generando indignación y cuestionamientos sobre la interpretación de las reglas.
El incidente ocurrió al minuto 36, cuando Diego González cobró un tiro libre desde la banda derecha. El servicio, con una trayectoria inusual, superó la estirada del arquero Nahuel Guzmán y se introdujo en la portería, provocando la euforia de la afición local. Sin embargo, la celebración fue efímera. El árbitro central, Fernando Curro Hernández, recibió la indicación del VAR, a cargo de Guillermo Pacheco Larios, para anular el gol debido a una supuesta posición de fuera de lugar de Manuel Capasso, defensor del Atlas.
Las repeticiones televisivas confirmaron que Capasso se encontraba adelantado al momento de la ejecución del tiro libre. No obstante, la controversia radica en el análisis de la interferencia y la falta de evidencia concluyente sobre si el jugador realmente influyó en la trayectoria del balón o en la capacidad de reacción del portero.
El principal punto de debate es si la posición de Capasso constituyó una interferencia real, considerando que el balón ya había rebasado a la defensa y al arquero cuando el defensor intentó alcanzarlo. Según el reglamento, un jugador en posición de fuera de lugar solo puede ser sancionado si interfiere en el juego, ya sea impidiendo que un oponente juegue el balón o disputando el balón. En este caso, la defensa argumenta que Capasso buscó el balón prácticamente sobre la línea de gol, lo que sugiere que su presencia no afectó la trayectoria del balón ni la posibilidad de que Guzmán lo atajara.
Además, la falta de evidencia física contundente sobre si Capasso tocó el balón ha añadido más incertidumbre a la decisión arbitral. Ninguna de las tomas de la transmisión oficial muestra de manera clara si el defensor logró rozar el esférico antes de que este cruzara la línea de gol. A pesar de esto, el árbitro Hernández optó por anular el gol sin especificar si la decisión se basó en un supuesto toque del jugador o en una obstrucción, dejando un margen de interpretación demasiado amplio.
La situación se agrava aún más por el fallo en el sistema de micrófono abierto del árbitro, una herramienta implementada para brindar transparencia y explicar las decisiones tomadas en el terreno de juego. En este caso, la falta de una explicación técnica clara y concisa por parte de Hernández no logró convencer a la afición ni a los analistas deportivos, generando un clima de desconfianza y frustración.
La anulación del gol no solo privó al Atlas de una ventaja en el marcador, sino que también cambió el desarrollo del partido. El ánimo del equipo local se vio afectado, y los Tigres lograron aprovechar la situación para imponer su juego y buscar la victoria. El partido finalizó con un marcador de 0-0, un resultado que perjudica las aspiraciones del Atlas de clasificar a la Liguilla.
Este incidente pone de manifiesto las deficiencias en la aplicación del VAR y la necesidad de mejorar la comunicación entre los árbitros y la afición. La tecnología, diseñada para corregir errores evidentes y garantizar la justicia en el juego, ha generado más controversia que claridad en muchas ocasiones. La falta de criterios claros y la subjetividad en la interpretación de las reglas siguen siendo los principales obstáculos para que el VAR cumpla su objetivo.
La Liga MX se enfrenta al desafío de encontrar un equilibrio entre el uso de la tecnología y el criterio humano, garantizando que las decisiones arbitrales sean justas, transparentes y comprensibles para todos los involucrados. La afición, los jugadores y los clubes merecen un arbitraje que esté a la altura de la calidad del fútbol mexicano. La polémica generada por este gol anulado es un llamado de atención para que las autoridades tomen medidas urgentes para mejorar el sistema arbitral y restaurar la confianza en el juego. El futuro de la Liga MX depende de ello.
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