La tarde se presentaba ideal para un Superclásico memorable, con un Monumental repleto y un ambiente festivo. Sin embargo, la victoria de Boca Juniors por 1-0 sobre River Plate resultó ser un partido opaco, empañado por decisiones arbitrales cuestionadas y la creciente frustración de la hinchada local. El recibimiento al equipo millonario fue espectacular, con 50 toneladas de papelitos inundando el estadio y un fuerte apoyo a jugadores como Santiago Beltrán y Marcos Acuña, aunque también silbidos para Leandro Paredes y, posteriormente, para Facundo Colidio.
El partido comenzó con River imponiendo condiciones, pero la lesión temprana de Sebastián Driussi marcó un punto de inflexión. Boca, aprovechando el golpe anímico, se adelantó en el marcador a través de un penal convertido por Leandro Paredes, tras una mano de Lautaro Rivero. La primera etapa concluyó con un murmullo de descontento en las gradas, anticipando la necesidad de una remontada.
En la segunda mitad, el malestar se intensificó. Las decisiones arbitrales de Darío Herrera, especialmente una jugada en la que no se cobró un penal a favor de River por una falta sobre Lucas Martínez Quarta, generaron una explosión de protestas desde las tribunas. La falta de reacción del equipo de Claudio Úbeda y las imprecisiones de algunos jugadores, como Aníbal Moreno y Lautaro Rivero, aumentaron la tensión.
El final del encuentro encontró a un Monumental en silencio, con una reprobación generalizada hacia el equipo y la terna arbitral. Si bien River mantiene una posición aceptable en el torneo local, gran parte del plantel está en deuda con su público. El entrenador, Claudio Úbeda, deberá buscar soluciones urgentes para mejorar el rendimiento del equipo en los próximos desafíos, incluyendo la Copa Sudamericana y los partidos cruciales del Apertura.
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