Montevideo Portal En un panorama global donde la tecnología ha trascendido su función original como herramienta para convertirse en un entorno omnipresente, la adquisición de habilidades digitales ya no es una opción, sino una necesidad imperante. La psicóloga y escritora Lorena Estefanell presenta su nuevo libro, Habilidades Digitales , un análisis profundo que desplaza el foco tradicionalmente puesto en niños y adolescentes para situarlo, de manera provocadora, en los adultos.
La premisa central del libro es clara: la clave no reside únicamente en enseñar a utilizar la tecnología, sino en aprender a coexistir con ella. Estefanell advierte sobre una creciente sensación de desorientación entre las familias, quienes se sienten inseguras y carentes de las herramientas necesarias para acompañar a sus hijos en este nuevo escenario, un fenómeno que evoluciona a un ritmo vertiginoso, superando la capacidad de cualquier manual de crianza.
Lejos de caer en alarmismos o soluciones simplistas, Habilidades Digitales se presenta como una hoja de ruta pragmática. No ofrece recetas predefinidas, sino criterios para abordar las decisiones cotidianas relacionadas con la tecnología: cuándo introducir un dispositivo, cómo regular su uso y, fundamentalmente, cómo mantener el rol adulto en un contexto marcado por algoritmos, estímulos constantes y un consumo perpetuo.
No solo no sabemos cómo acompañar, sino que las dificultades que tienen los niños también las tenemos nosotros , afirma Estefanell. Escribí este libro pensando en familias que acompañan a niños y adolescentes, pero en realidad, leerlo es entender cómo la tecnología nos desafía a todos .
La autora subraya un aspecto estructural crucial: las plataformas digitales no están diseñadas para promover el bienestar o la felicidad, sino que responden a objetivos distintos. Esto no implica que la tecnología sea inherentemente negativa, pero sí que puede generar riesgos significativos. La tecnología la estamos usando bien cuando al usarla nuestras oportunidades mejoran y nuestros riesgos disminuyen , explica.
Estefanell critica la tendencia a polarizar el debate en torno a si la tecnología es buena o mala, argumentando que esta discusión es estéril y no aborda los problemas concretos. Mientras discutimos eso, hay un niño con la cabeza metida en el teléfono todo el día. Entonces el planteo es otro: desde el momento en que estamos frente a esta nueva realidad, tenemos que hacerla funcionar. No alcanza con esperar que todo se acomode solo .
El libro plantea una idea contundente: el mundo digital no está preparado para los niños. No es un mundo que los cuide ni que los proteja. En el mundo real, tenemos un montón de mecanismos: horarios de protección, espacios regulados, límites. En el mundo virtual no, y estamos muy lejos de eso todavía. Por eso, no alcanza con prohibir o habilitar: hay que acompañar activamente .
En cuanto al momento adecuado para introducir la tecnología, Estefanell rechaza la idea de una edad mágica, proponiendo una lógica basada en la evaluación de oportunidades y riesgos. Por ejemplo, un niño de ocho años con celular. Uno mira ese uso y no está pasando nada muy genial, pero sí aparecen riesgos: irritabilidad, pérdida de atención, desplazamiento del juego real. Ahí no está generando oportunidades y está aumentando muchísimo los riesgos .
La autora también cuestiona prácticas que se han normalizado, como el uso de pantallas en niños muy pequeños. Antes, el uso de pantallas en niños muy chicos era algo más privado. Hoy es completamente visible: los ves en el cochecito, en el supermercado con el celular. Eso refleja algo más profundo: una dificultad creciente de los adultos para sostener la situación sin recurrir a la tecnología .
El rol del adulto emerge como un eje central del libro. La tecnología no la compró el niño: la introdujo un adulto. Y, muchas veces, ese adulto no se siente capaz, no tiene estrategias, siente que no puede. Entonces cede. Y cuando eso pasa, el niño empieza a ocupar lugares que debería liderar el adulto .
Estefanell aborda el malestar subyacente en esta dinámica, señalando que los adultos tienden a evitarlo a toda costa. Todo lo que hacemos es al servicio de evitar el malestar del niño. Pero el aburrimiento, el berrinche, la frustración no tienen nada de malo. El problema es cómo los adultos los toleran. ¿Cómo te bancás los 20 minutos de me aburro ?
La autora defiende la necesidad del aburrimiento, argumentando que permite a la mente encontrar soluciones creativas. Dejalo que se aburra, la mente lo va a resolver. El problema no es el niño aburrido, sino el adulto que no soporta ese momento .
Estefanell advierte sobre la posible crianza de niños con menor tolerancia a la frustración, ya que la eliminación constante de tensiones impide el aprendizaje de límites. La mente del niño está diseñada para lograr lo que quiere, pero tiene que aprender que hay límites. Y eso implica algo incómodo: el adulto tiene que masticar malestar y sostenerlo .
La autora también critica la obsesión con la felicidad, argumentando que no es realista esperar que los niños sean felices todo el tiempo. Lo importante es otra cosa: que sea una persona con bienestar, alguien que pueda resolver las tensiones de la vida .
Estefanell conecta este punto con el mundo laboral y la vida adulta, señalando que la falta de habilidades para manejar la frustración puede generar dificultades en el futuro. Si no entrenamos esas habilidades, después aparecen dificultades. Cada vez que aparece una tensión, si el mundo tiene que cambiar para que el niño esté bien, tenemos un problema. La vida no funciona así .
El concepto de bienestar digital se presenta como una herramienta clave para navegar en este nuevo entorno. Implica entender algo básico: la tecnología no está al servicio de tu bienestar, está al servicio de otros intereses. Entonces necesitamos desarrollar habilidades activas: regular el uso, saber cuándo apagar, cuidar el sueño, la atención, el vínculo con otros .
Estefanell enfatiza que estas habilidades son imprescindibles en la actualidad, ya que no eran necesarias hace apenas unas décadas. Hace 30 años no necesitábamos aprender a soltar el teléfono, porque no lo teníamos encima todo el tiempo. Hoy sí. Y si no las desarrollamos, la tecnología nos come bienestar: aparecen problemas de sueño, de alimentación, de atención .
El mensaje central del libro es un llamado a la acción. No se trata de apagar todo ni de dejar todo como está. Se trata de entender el contexto y actuar. En el mundo, las pantallas no se apagan, pero en tu casa sí podés apagarlas un rato. Y ahí está la clave: recuperar el rol adulto, tomar decisiones y construir, en medio de todo eso, un equilibrio posible .
Habilidades Digitales se presenta como un faro en tiempos vertiginosos, una guía para criar con criterio en la era digital, recordándonos que ninguna aplicación o algoritmo puede reemplazar el poder de una familia presente y comprometida.












