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MI QUERIDA SEÑORITA: Un espejo a cuatro décadas

MI QUERIDA SEÑORITA: Un espejo a cuatro décadas

Más de cuarenta años después de su estreno original, se presenta una nueva versión de Mi querida señorita , la película de Jaime de Armiñán que revolucionó el cine español en 1972. La cinta original, protagonizada por José Luis López Vázquez, abordó la intersexualidad en un contexto social y político marcado por el franquismo, convirtiéndose en un hito por su valentía y sensibilidad. La nueva adaptación, dirigida por Fernando González Molina, plantea la pregunta de cuánto hemos cambiado como sociedad desde entonces, y si los avances en materia de diversidad e inclusión son realmente significativos.

La película original, estrenada cuando Franco aún vivía, narraba la historia de Adela, una mujer de provincias que descubre, a través de un examen médico, que posee una condición intersexual. Adela, interpretada por López Vázquez en un papel considerado arriesgado para la época, decide vivir como Juan, enfrentándose a las trabas burocráticas y al desconcierto de una sociedad conservadora. La película no solo exploraba la complejidad de la identidad de género, sino que también presentaba una historia de amor fuera de los convencionalismos, con la aparición de Julieta Serrano en el papel de Isabelita. Mi querida señorita fue un éxito de taquilla y recibió una nominación al Óscar a Mejor película extranjera, compitiendo con títulos como Cabaret y El padrino . La imagen de López Vázquez entre Charlton Heston y Liza Minnelli en la gala de los Óscar se convirtió en un icono.

La nueva versión, escrita por Alana S. Portero, traslada la historia a finales de los noventa, situándola en Pamplona. La pregunta central que plantea la película es: ¿cuál habría sido la historia de Adela si hubiera sido nuestra vecina, nuestra compañera de clase, nuestra hermana? La adaptación de González Molina se aleja de la representación original, que recurría a recursos como tacones y pelucas para caracterizar a Adela, y opta por una encarnación más justa y respetuosa, dando vida al personaje a Elísabeth Martínez, una persona intersexual que aporta dulzura e ingenuidad a la interpretación.

El cambio en la representación de la diversidad es uno de los aspectos más destacados de la nueva película. A diferencia de la cinta original, que se centraba principalmente en la experiencia individual de Adela, la nueva versión introduce una red de personajes que representan diferentes identidades y orientaciones sexuales. La película presenta a una madre soltera (Lola Rodríguez), un sacerdote homosexual (Paco León), un gótico pansexual (Manu Ríos) y una dominatrix transexual (Delphina Blanco), creando un espacio de encuentro y apoyo para Adela en su proceso de autodescubrimiento. Este elenco diverso refleja una mayor visibilidad y aceptación de la diversidad sexual en la sociedad actual.

La nueva Mi querida señorita también explora la tensión entre tradición y cambio en la sociedad española. Pamplona, con su mezcla de elementos religiosos, nacionalistas y progresistas, se convierte en el escenario perfecto para reflexionar sobre la dificultad de romper con las convenciones sociales y abrazar la libertad individual. La película plantea la pregunta de si hemos avanzado realmente en la lucha por la igualdad y la inclusión, o si simplemente hemos cambiado la forma de expresar nuestros prejuicios y discriminaciones.

La película también aborda la cuestión de la literalidad y la ambig edad en el arte. El director señala que, si bien hemos avanzado en la visibilidad de la diversidad, también nos hemos vuelto más literales y temerosos de la incomprensión. La nueva versión de Mi querida señorita intenta equilibrar la necesidad de ser clara y comprensible con la importancia de dejar espacio para la interpretación y la reflexión.

En definitiva, la nueva Mi querida señorita es una película que invita a la reflexión sobre la identidad, el amor, la diversidad y el cambio social. Es un homenaje a la valentía de la película original y un recordatorio de que los avances se hacen en conjunto, a través del diálogo, la empatía y el respeto mutuo. La película es un aliento para mirarnos al espejo y reconocer que, aunque no somos perfectos, algo hemos mejorado. La película busca llegar a un público más amplio, más allá de la comunidad LGBTQ+, y generar un debate sobre la importancia de construir una sociedad más justa e inclusiva. La película, en su esencia, es un recordatorio de que el amor y la libertad son valores universales que deben ser defendidos y celebrados.

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