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Bateadores contra invasores: El Mundial que inspiró a una nación

Bateadores contra invasores: El Mundial que inspiró a una nación

La Habana, 17 de abril de 2026 A punto de celebrar su 90 cumpleaños, Pedro Chávez, leyenda del béisbol cubano, revive los tensos días de abril de 1961, cuando su equipo nacional participaba en el XV Campeonato Mundial en Costa Rica, mientras su patria enfrentaba la invasión mercenaria en Playa Girón. La historia de Chávez y sus compañeros es un testimonio de resistencia, patriotismo y la capacidad de mantener el compromiso con la misión encomendada, incluso bajo la sombra de la guerra.

Lo primero que se me ocurrió fue venir para acá, recuerda Chávez, evocando el momento en que recibieron la noticia del ataque a los aeropuertos cubanos. Imagínate, nos enteramos de que bombardearon los aeropuertos. Yo enseguida pensé en el de Rancho Boyeros; vivo y vivía entonces pegadito a esa pista ¿Qué habría sido de mi familia, me preguntaba?

El equipo cubano se encontraba en Costa Rica participando en el campeonato mundial, un evento que rápidamente quedó eclipsado por la crisis que se desarrollaba en la isla. La información que llegaba era confusa y alarmante: se rumoreaba que la Revolución había sido derrotada, que Fidel Castro había muerto y que Raúl estaba preso. En medio de este clima de incertidumbre, los jugadores cubanos se enfrentaron a un hostigamiento constante.

Salimos a jugar con mucha presión, relata Chávez. Aparecían varias pancartas frente al hotel insultándonos; también personas que nos conminaban a traicionar. A pesar de las amenazas y la hostilidad, el equipo se mantuvo firme en su compromiso con Cuba. Chávez recuerda haber rechazado una oferta para jugar con los Yanquis de Nueva York en 1957, prefiriendo permanecer en su país junto a su familia y amigos.

La situación se agravó cuando Jorge Trigoura, otro miembro destacado del equipo, recibió una amenaza de muerte. Una nota dejada en su habitación decía: ¿Tú eres el número 7? ¿Tú ves la palma a la derecha de la ventana de tu habitación? Desde ella te vamos a colgar como sigas jugando. Trigoura respondió con serenidad y determinación, instando a sus compañeros a concentrarse en su misión: ganar el campeonato. No hay de qué preocuparnos, les dijo, nosotros tenemos una sola misión, así que los de la palmita que se vayan al carajo.

En un momento crucial, la dirección del país envió un mensaje al equipo a través de Matías Flores, uno de los responsables de la delegación. El mensaje era claro: Milicianos al fusil, estudiantes al estudio, trabajadores al trabajo, peloteros a la pelota. Su misión allí es ganar. La encomienda fue recibida con entusiasmo y determinación.

La encomienda se cumplió al pie de la letra, solo teníamos en mente el compromiso con el mandato recibido, afirma Chávez. El equipo cubano jugó con una intensidad renovada, impulsado por el deseo de defender el honor de su país y contribuir a la victoria revolucionaria.

La historia de este equipo se entrelaza con la heroica defensa de Playa Girón, donde las fuerzas invasoras fueron derrotadas en menos de 72 horas. Para Chávez, ambas victorias son igualmente significativas. Aquella victoria en la Ciénaga de Zapata y el triunfo de nosotros es lo más grande que me ha pasado en mi vida de revolucionario. Siempre tuvimos la mentalidad ganadora, pero cuando nos dieron la misión fue como si a los bates les hubieran puesto dinamita.

El equipo cubano enfrentó desafíos adicionales durante el campeonato. El día 13 de abril, se enteraron del incendio de la tienda El Encanto en La Habana, una tragedia que añadió tensión a la ya difícil situación. Ese mismo día, se enfrentaron a Guatemala, cuyo presidente, Ydígoras Fuentes, había instado a sus jugadores a derrotar a los cubanos, llamándolos comunistas . La respuesta del equipo cubano fue contundente: arrollaron a Guatemala con una paliza histórica de 25-0.

Cuba dominó el campeonato en términos ofensivos, compilando un promedio de bateo de .355, el único equipo que superó el .300. Jorge Trigoura se destacó como el jugador más valioso, personificando el espíritu de lucha y determinación del equipo. En una entrevista, Trigoura reveló que, durante el sorteo para determinar el equipo que batearía primero, se les concedió esa ventaja deliberadamente. Nos dijeron que era para que fuéramos una vez menos al bate y no le hiciéramos tantas carreras, explicó.

En total, el equipo cubano anotó 128 carreras en nueve partidos, un promedio de 14 por juego, mientras que solo permitió 11 carreras en contra. El lanzador Rolando Pastor, en un momento de fervor patriótico, exclamó: De los cobardes no se ha escrito nunca nada, salgamos como cubanos valientes que somos, para que se escriba la verdadera historia. Pastor fue el lanzador abridor en el juego del 20 de abril, después de que se conociera la noticia de la victoria en Playa Girón, y demostró su valía al permitir solo tres hits a Costa Rica.

Hoy, Cuba enfrenta nuevos desafíos, pero Pedro Chávez está convencido de que el espíritu de lucha y la mentalidad ganadora que caracterizaron a su equipo en 1961 siguen vivos. Tenemos la misma misión, la de ganar, con su pueblo y también con sus peloteros, afirma Chávez. A pesar de sus 90 años, se siente joven de corazón y transmite un mensaje de optimismo y confianza en el futuro. A los enemigos le digo lo que le dijo Trigoura a los de la palmita de Costa Rica. La historia del equipo cubano de béisbol de 1961 es un recordatorio de que, incluso en los momentos más difíciles, la determinación, el patriotismo y el compromiso con la misión pueden conducir a la victoria.

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