Pablo Ojeda, conocido nutricionista y divulgador, ha revelado su batalla contra la ludopatía en el programa Ex. La vida después de Cuatro. Ojeda se define a sí mismo como un adicto al juego que logró superar su problema y ahora comparte su experiencia para ayudar a otros que puedan estar enfrentando situaciones similares. Su relato expone las raíces psicológicas y las circunstancias que lo llevaron a caer en la adicción, así como el mecanismo que perpetuó el ciclo vicioso.
El origen de la adicción, según Ojeda, se remonta a una etapa de su vida marcada por la soledad y la falta de propósito. Yo era el clásico niño que no tenía problemas, no tenía pareja, trabajaba con mis padres, no tenía aspiraciones estaba vacío , confesó. Esta sensación de vacío existencial se exacerbó tras una serie de contratiempos físicos que lo aislaron aún más.
Ojeda se sometió a dos operaciones de rodilla que lo mantuvieron en silla de ruedas durante diez meses. Durante este período, experimentó un aumento de peso significativo y la necesidad de utilizar muletas para desplazarse. Estas limitaciones físicas lo convirtieron en blanco de humillaciones, vejaciones y burlas por parte de sus compañeros de edad. Me operé de las dos rodillas, estuve diez meses en silla de ruedas, cogí mucho peso y tenía que andar con muletas , relató. Estas experiencias negativas lo sumieron en un profundo aislamiento y lo llevaron a refugiarse en su mundo interior.
Sin embargo, el detonante principal de su ludopatía no fue una búsqueda activa de emociones fuertes, sino una combinación de aburrimiento y una oportunidad inesperada. Abrieron un bar de juego debajo de mi casa. Estaba aburrido, bajé, me tomé una cerveza, muy barata, por un euro. Tenía cinco euros, los eché y me tocaron 80 , explicó Ojeda. Esta primera victoria, obtenida de forma aparentemente fácil, tuvo un impacto significativo en su psique y sentó las bases para su futura adicción.
A partir de ese momento, Ojeda se vio atrapado en un ciclo vicioso impulsado por una sensación que describe como peligrosamente agradable . La facilidad con la que ganó dinero inicialmente lo llevó a creer que podía repetir esa experiencia una y otra vez. Sin embargo, a medida que avanzaba en su adicción, las pérdidas comenzaron a superar las ganancias.
Lo más peligroso, según Ojeda, era la forma en que su mente procesaba las pérdidas y las ganancias. Lo malo se olvida de manera inmediata. Me gastaba 100 euros y me tocaban 10, no me acordaba de los 90 perdidos, solo de los 10 ganados , afirmó. Esta distorsión cognitiva lo llevó a creer que estaba ganando dinero, cuando en realidad estaba perdiendo cantidades significativas. La sensación de victoria, aunque efímera, era suficiente para mantenerlo enganchado al juego.
Ojeda describió la experiencia como una ilusión, una forma de escapar de su realidad y llenar el vacío emocional que sentía. El juego le proporcionaba una descarga de dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa, que lo mantenía enganchado a pesar de las consecuencias negativas.
La adicción al juego, como cualquier otra adicción, tiene un impacto devastador en la vida de la persona que la padece y en la de sus seres queridos. Ojeda no detalló en la entrevista las consecuencias específicas que su ludopatía tuvo en su vida personal y profesional, pero su relato sugiere que fue una experiencia dolorosa y difícil de superar.
Al compartir su historia, Ojeda busca crear conciencia sobre la ludopatía y ofrecer esperanza a aquellos que están luchando contra esta adicción. Su testimonio demuestra que es posible superar la ludopatía y recuperar el control de la propia vida. La clave, según Ojeda, es reconocer el problema, buscar ayuda profesional y rodearse de un sistema de apoyo sólido. Su experiencia sirve como un recordatorio de que la adicción al juego es una enfermedad seria que requiere tratamiento y comprensión.



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