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LA LITERATURA INCOMODA: Juan Tallón denuncia la pérdida de atención y la obsesión por la imagen

LA LITERATURA INCOMODA: Juan Tallón denuncia la pérdida de atención y la obsesión por la imagen
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El escritor Juan Tallón reflexiona sobre el impacto de la tecnología en la lectura, la memoria y la capacidad de vivir el presente, en una conversación donde destaca la importancia de la duda, la incomodidad y el silencio como refugio ante el ruido del mundo moderno. Tallón, autor de Mil Cosas , plantea interrogantes sobre la autenticidad de las experiencias en la era digital y la creciente adicción a las pantallas, que según él, deterioran nuestra capacidad de concentración y nos alejan de la conexión real con el entorno.

En una reciente entrevista, Tallón se cuestiona si su literatura busca perturbar al lector. Digamos que en el caso de Mil cosas hay una intencionalidad por parte mía de perturbar, incomodar, hacer sentir incómodo al lector. Entonces sí, en este libro amplío el foco también sobre novelas anteriores. Yo creo que la literatura tiene que producir un efecto en el lector. No digo que ese efecto ratifique nada, pero sí que debe preocupar, alterar, abrir reflexiones sobre lo que está pasando en la página. Esta búsqueda de un impacto en el lector no se centra en la comprensión del contexto, sino en la generación de duda. No sé muy bien lo que intento generar en el lector, pero la duda no es tanto la del lector como primero la mía. Es un buen punto de partida: dudar, pensar, no saber y buscar respuestas.

Uno de los temas centrales en la obra de Tallón es la influencia del teléfono móvil en nuestras vidas. El autor afirma que el móvil nos ha robado o nos ha secuestrado la atención. No hay más que mirar a nuestro alrededor. Si levantamos la cabeza de nuestro propio móvil veremos que muchas personas están pendientes de él. Si digo secuestrados es porque en muchísimos casos estamos siendo obligados a mirar hacia aplicaciones que realmente no nos aportan nada, pero con nuestra decisión estamos aportando grandes beneficios a esas aplicaciones y el móvil es un conductor de la pérdida de tiempo. Esta reflexión se extiende a la práctica de grabar eventos como conciertos, ejemplificada con el caso de Rosalía. Hay un gran afán de demostrar que estuvimos allí. Pasa en conciertos, en museos hablamos de vivir la experiencia en aras de registrarla. Entonces esa experiencia no tiene nada que ver con vivirla realmente. Habrá muchísimas cosas que estamos haciendo hoy que solo recordaremos cuando volvamos a la galería de las fotografías o los vídeos. Creo que deberíamos arrepentirnos de ser testigos de las cosas interesantes a través de una pantalla. No nos concentramos en las cosas que nos pasan, nos estamos perdiendo esas vivencias por esa obsesión.

Tallón también aborda la paradoja de un aumento en las ventas de libros acompañado de una disminución en el tiempo dedicado a la lectura, un síntoma, según él, de la época. Sí, nuestra adicción a las pantallas nos ha deteriorado nuestra capacidad para mantener la atención centrada en una sola cosa. Se hace muy difícil leer sin levantar cada poco la cabeza del libro, rompiendo la concentración para atender notificaciones. Hay una clara adicción al teléfono móvil y eso va en detrimento del tiempo de lectura y de su calidad.

En su novela Mil Cosas , se destaca la sensación de urgencia constante. Ante la pregunta sobre la última cosa importante que hizo sin prisa, Tallón responde que su estilo de vida se aleja de esa premura. Yo tengo que confesar que vivo un poco alejado del estilo de vida que se retrata en la novela. No suelo tener prisa donde vivo.

El proceso de escritura, para Tallón, es un aprendizaje continuo. Yo intento aprender a escribir con cada nuevo libro. No partes de cero cuando inicias una nueva aventura literaria, pero me gusta escribir sobre cosas que desconozco. Eso me sitúa en una posición cercana a un punto de partida. Intento que cada nuevo libro sea un giro de 150 grados respecto al anterior, de modo que me garantice que no voy a trabajar sobre un molde o una fórmula ya testada.

En cuanto a la función de la literatura, Tallón considera que no es incompatible reflejar el mundo y sobrevivir a él. Las funciones no son incompatibles. La literatura es el modo que encuentran los autores de dar salida a las cuestiones que les preocupan. Siempre ha habido literatura que da cuenta del tiempo en el que se escribe. No sé si se puede decir que ahora estamos peor que nunca, creo cada época ha tenido sus dificultades y sus retos que afrontar, no se si tiene sentido enfrentarlas.

La ansiedad, un tema recurrente en su obra, es vista como una experiencia individual en una sociedad colectivamente angustiada. La ansiedad es una experiencia que uno vive individualmente, pero nuestra sociedad entera está viviendo angustiada. Es una época en la que muchos ciudadanos no se sienten bien y no sabe por qué. Objetivamente nunca se han dado condiciones tan favorables para estar mejor, pero parece que estamos peor. No sabemos lo que nos pasa, y eso es un problema.

En este contexto, la literatura puede ofrecer un espacio de silencio. Hoy por las condiciones actuales con el hecho de que la información llega más rápido y más lejos que nunca hay mucho ruido alrededor de eso que llamamos mundo literario, pero cuando uno abre un libro, ese es un espacio donde todo eso se cancela. Hay que intentar leer en silencio, con la atención centrada en la obra, en las ideas y los pensamientos.

Finalmente, Tallón se muestra cauteloso ante el impacto de la Inteligencia Artificial en la creatividad. Intento que no me perturbe demasiado. Para mí escribir me ha situado ante un escenario de enorme placer y felicidad de vivir en el tiempo que me ha tocado y no voy a ceder por nada del mundo mi felicidad a la Inteligencia Artificial. Eso no significa que la tecnología no tenga una aplicación importante en muchas cosas, pero en relación a la creatividad, ahí no cedo. El autor valora la soledad como parte esencial de su proceso creativo, pero también la importancia de compartir su obra con los lectores. Siempre he convivido muy bien con la soledad. Aprendí desde muy jovencito cuando me internaron en un colegio a estar solo, a disfrutar de estar solo. Pero que me guste estar solo no significa que quiera estarlo siempre, y compartir conversación con un lector forma parte del hecho de escribir, porque pone en juego muchos elementos. En cuanto a su evolución como escritor, Tallón reconoce que las personas cambian, y eso es lo único verificable. Yo también he cambiado y mi estilo lo ha hecho, y estoy agradecido por ello. Un escritor tiene que evolucionar. Puede mantener una voz, pero debe intentar siempre aspirar a que de una obra a otra haya transformación, que ya no seas el mismo que en el libro anterior, aunque me alegro que quien lea una y otra obra pueda encontrar algún eco.

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