El juicio por el femicidio de Mercedes Kvedaras, ocurrido en un barrio privado de Salta, continúa revelando detalles escalofriantes sobre la relación de la víctima con su esposo, José Eduardo Figueroa. La hermana de la víctima declaró ante el tribunal, exponiendo un calvario de golpes, humillaciones y un creciente temor que culminó en el trágico desenlace. Su testimonio ha sido fundamental para reconstruir el contexto previo al crimen y comprender el grado de sufrimiento que atravesó Mercedes en los meses anteriores a su muerte.
Según la declaración, la relación de pareja había experimentado diversas crisis, pero en las últimas semanas se había deteriorado significativamente, generando un clima de temor constante. La víctima, de hecho, ya había tomado la decisión de poner fin a la convivencia, un proceso que se encontraba en discusión con el acusado.
La testigo describió con detalle las conductas humillantes ejercidas por Figueroa, incluyendo episodios en los que le arrojó agua en la cabeza y salsa de soja en la cara. Sin embargo, el relato más impactante fue la descripción de un intento de ahorcamiento. Además, el acusado habría roto el teléfono de su esposa en un intento por controlar su comunicación y revisar sus mensajes.
El testimonio de la hermana de la víctima también se extendió a situaciones que involucraron a los hijos menores de la pareja. La testigo relató que Mercedes manifestaba un temor creciente ante la conducta de su esposo, quien había llegado a seguirla en vehículo en repetidas ocasiones, generando una sensación de persecución y vulnerabilidad. Estas situaciones, según la declaración, se habían repetido durante meses, creando un patrón de control y violencia.
Paralelamente al testimonio de la hermana de la víctima, dos psicólogos del Poder Judicial presentaron un informe sobre el estado mental de José Eduardo Figueroa. Las conclusiones del informe revelan que el imputado se encuentra en pleno uso de sus facultades mentales, posee capacidad reflexiva y ejerce un intenso control sobre sus emociones. Los especialistas destacaron que Figueroa tiende a negar y evitar situaciones problemáticas, lo que le provoca una tensión interna significativa.
El análisis psicológico sugiere que, ante circunstancias que alteran su vida emocional, Figueroa podría presentar comportamientos impulsivos y agresivos. Este diagnóstico ha sido incorporado como un elemento relevante para comprender el perfil de riesgo del acusado y la posibilidad de conductas violentas en el contexto de la relación de pareja.
Dos trabajadoras sociales también brindaron su testimonio, confirmando que la familia dependía económicamente del acusado, aunque las decisiones sobre la administración del hogar eran tomadas en conjunto. Este aspecto podría ser relevante para analizar la dinámica de poder dentro de la pareja y la posible influencia del control económico en la situación de violencia.
El tribunal, integrado por los jueces Cecilia Flores Toranzos, Eduardo Sángari y Leonardo Feans, ordenó un cuarto intermedio hasta el jueves 16, momento en que continuará la presentación de pruebas y testimonios. La continuación de la ronda de testigos permitirá profundizar en el contexto familiar, social y emocional que rodeó los hechos, así como avanzar en la definición de las responsabilidades penales de José Eduardo Figueroa.
En la jornada anterior, un médico forense reveló detalles cruciales sobre la causa de la muerte de Mercedes Kvedaras. Según el informe forense, la víctima agonizó entre 3 y 5 minutos tras sufrir asfixia mecánica mixta, producto de una combinación de estrangulamiento, sofocación y compresión torácica. El médico forense detalló que la autopsia evidenció múltiples lesiones y que los hallazgos científicos no respaldan la versión del acusado.
Uno de los testimonios más resonantes fue el de María Mercedes Ibarra, una vecina cercana a la familia que participó en la búsqueda de la pareja. Ibarra relató haber encontrado el vehículo donde se hallaba el cuerpo de Mercedes. Al acercarse, observó que los vidrios estaban empañados y, al mirar por la ventana, vio a Figueroa sentado al volante, inclinado hacia el asiento del acompañante.
Inicialmente, Ibarra pensó que Mercedes había fallecido, por lo que gritó a su hija, Agustina Rodríguez Ibarra, para que se acercara, temiendo que Figueroa hubiera matado a la víctima. Mientras intentaba contener a María Jiménez, madre de la víctima, para evitar que se acercara al vehículo, Agustina advirtió que el acusado aún tenía signos vitales y parpadeaba .
Ibarra pudo observar que el cuerpo de Kvedaras estaba parcialmente cubierto, con una pierna descubierta y el resto envuelto en una toalla y un buzo, como si alguien la hubiera cargado y puesto ahí . Este testimonio proporciona una imagen impactante de la escena del crimen y refuerza la sospecha de que Figueroa intentó ocultar el cuerpo de la víctima. La investigación continúa en curso, buscando esclarecer todos los detalles del femicidio y determinar la responsabilidad penal de José Eduardo Figueroa.











