El futuro del vicepresidente J.D. Vance como posible candidato republicano a la presidencia se ha visto empañado por recientes fracasos diplomáticos. A pesar de las expectativas iniciales, reforzadas por la aparente renuncia del secretario de Estado Marco Rubio a desafiarlo, la gestión de Vance en dos importantes asignaciones ha generado dudas sobre su capacidad de liderazgo.
Vance fue enviado a Hungría para apoyar al primer ministro Viktor Orbán en las elecciones parlamentarias, y a Pakistán para negociar un acuerdo de paz con Irán. En ambos casos, la administración Trump había invertido significativamente en el resultado, siguiendo una tendencia de intervención en elecciones extranjeras que ha tenido éxito en el pasado, como en Polonia, Argentina, Honduras y Japón. Sin embargo, el partido de Orbán sufrió una derrota contundente, a pesar de la visita de alto perfil de Vance en la víspera de las elecciones. Vance reconoció que la administración sabía que Orbán probablemente perdería, pero justificó su apoyo argumentando que era lo correcto apoyar a un aliado.
Paralelamente, las negociaciones en Islamabad para un alto el fuego con Irán no lograron avances significativos. La administración parecía más dispuesta a negociar que los iraníes, pero no se alcanzaron acuerdos sobre los términos de un posible alto el fuego.
Estos reveses se suman a la percepción de que Vance carece de atractivo personal para los votantes, dependiendo en gran medida del respaldo del presidente Trump. Su postura ambivalente frente a la política exterior de Trump, inicialmente opuesto a la guerra con Irán pero luego apoyando una acción contundente si fuera necesaria, ha sido vista como un intento de no alienar a nadie, pero que podría no complacer a nadie. El propio Trump bromeó al respecto, sugiriendo que culparía a Vance si las negociaciones fracasaran y se atribuiría el mérito si tuvieran éxito.
Las encuestas informales recientes muestran una disminución en el apoyo a Vance dentro del Partido Republicano, mientras que el senador Marco Rubio, con una postura más belicista, ha ganado terreno. Vance se enfrenta al riesgo de verse asociado con políticas impopulares y asumir la responsabilidad de fracasos sobre los que tiene poco control real, un desafío común para los vicepresidentes. Suscríbete a Noticias lat para más noticias.












