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LUNA 2.0: NASA Confía en Bezos y Musk para el Regreso Lunar

LUNA 2.0: NASA Confía en Bezos y Musk para el Regreso Lunar

Tras el éxito de Artemis II, la NASA ha puesto su mirada en el siguiente gran paso: llevar astronautas a la Luna para una estancia prolongada y, eventualmente, establecer una base permanente. Para lograr esta ambiciosa meta, la agencia espacial estadounidense se apoyará en las capacidades de dos gigantes de la industria aeroespacial: SpaceX, liderada por Elon Musk, y Blue Origin, de Jeff Bezos.

A diferencia del programa Apolo, que se limitó a misiones cortas de unos pocos días con dos astronautas en la superficie lunar, la NASA planea enviar a cuatro personas en una misión que durará varias semanas. Este cambio de enfoque refleja el crecimiento de la experiencia y las ambiciones de Estados Unidos en la exploración espacial.

La NASA espera que los módulos de alunizaje diseñados por SpaceX y Blue Origin sean los encargados de transportar a los astronautas a la superficie lunar. El objetivo actual es lograr un alunizaje tripulado en 2028. Lori Glaze, administradora interina de la NASA, enfatizó la necesidad de una colaboración integral con la industria: Necesitamos que toda la industria trabaje con nosotros, y tienen que aceptar el desafío y poner en marcha de verdad las líneas de producción que se requerirán para cumplir con esa meta .

El programa Artemis difiere significativamente del Apolo en su arquitectura. Mientras que Apolo utilizaba un único cohete, el Saturn V, para enviar tanto el módulo lunar como la cápsula de los astronautas, Artemis emplea dos sistemas distintos. Uno lanzará la nave Orion con la tripulación desde la Tierra, y el otro se encargará del módulo de alunizaje. Esta decisión se basa en las limitaciones técnicas del programa Apolo, que no estaba diseñado para la exploración a largo plazo ni para estancias prolongadas en la Luna, según explicó Kent Chojnacki, alto funcionario de la NASA encargado del desarrollo del módulo de alunizaje.

Jack Kiraly, director de relaciones gubernamentales en la Sociedad Planetaria, describió las misiones Apolo como viajes de campamento en comparación con la complejidad y el alcance de los planes actuales. Los nuevos módulos lunares desarrollados por Blue Origin y SpaceX son considerablemente más grandes que los utilizados en el siglo XX, con un tamaño de dos a siete veces mayor.

La NASA también está recurriendo a socios externos, como empresas europeas que construyeron el módulo de propulsión de Orion, para ampliar su base de recursos y capacidades. Si bien este nuevo enfoque ofrece la posibilidad de tener más equipos y recursos disponibles, también introduce una mayor complejidad en las operaciones.

Uno de los mayores desafíos técnicos para estas misiones será el reabastecimiento de combustible en vuelo, una maniobra compleja que aún no se ha probado completamente. Para enviar estas gigantescas naves a la Luna, que se encuentra a unos 400.000 kilómetros de la Tierra, las empresas privadas de exploración espacial deberán dominar esta técnica. Otros cohetes tendrán que llevar el combustible necesario para el viaje lunar después del lanzamiento del módulo de alunizaje.

El proyecto ha enfrentado retrasos y desafíos, especialmente por parte de SpaceX, que debía tener listo el módulo de alunizaje primero. La presión ha aumentado en los últimos meses, y algunos exfuncionarios de la NASA advirtieron en septiembre que Estados Unidos estaba a punto de perder la Luna frente a los avances de China, que también tiene como objetivo enviar humanos a la Luna para 2030.

Ante esta situación, la NASA planteó la posibilidad de reabrir el contrato adjudicado a SpaceX y considerar el uso del módulo lunar de Blue Origin primero. Ambas empresas anunciaron ajustes en sus estrategias para priorizar el proyecto lunar y mantener sus lucrativos contratos con la NASA.

A pesar de estos ajustes, persisten las dudas sobre la viabilidad del reabastecimiento en el espacio. Chojnacki aseguró que la NASA tiene un plan y una estrategia de respaldo en caso de fallo. La agencia planea realizar una prueba en 2027 de un encuentro en órbita entre la nave espacial y uno o dos módulos de alunizaje.

Además, las empresas deberán probar el reabastecimiento en vuelo y enviar un módulo de alunizaje no tripulado a la Luna para demostrar su seguridad antes del esperado viaje tripulado, todo dentro de un plazo de dos años. La NASA confía en que, con la colaboración de SpaceX y Blue Origin, podrá superar estos desafíos y llevar a cabo una nueva era de exploración lunar.

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