Los húngaros acudieron a las urnas este domingo en unas elecciones que podrían significar el fin de 16 años de gobierno del primer ministro Viktor Orbán, un líder ultranacionalista que ha desafiado las normas de la Unión Europea y se ha convertido en una figura clave de la derecha internacional. La alta participación, que a las 13:00 GMT alcanzaba el 54,14% frente al 40,1% de hace cuatro años, sugiere un fuerte deseo de cambio entre el electorado.
Orbán, de 62 años, ha gobernado Hungría desde 2010, implementando políticas que han sido criticadas por socavar el Estado de derecho, restringir la libertad de prensa y discriminar a las minorías, especialmente a la comunidad LGTBQ. Su gobierno ha sido también señalado por su cercanía al presidente ruso Vladimir Putin y su oposición a las sanciones impuestas a Rusia tras la invasión de Ucrania.
El principal desafío a Orbán proviene de Péter Magyar, un político conservador proeuropeo de 45 años que ha logrado construir un movimiento de oposición en tan solo dos años. Magyar, quien fue un exmiembro del partido de Orbán, Fidesz, ha prometido restaurar las instituciones democráticas, combatir la corrupción y mejorar los servicios públicos, especialmente en la salud y la educación.
Tras votar en Budapest, Magyar declaró: "Elegimos entre el Este y Occidente, entre la propaganda y un debate público honesto, entre la corrupción y una vida pública íntegra". Su mensaje ha resonado entre los votantes descontentos con la gestión de Orbán y preocupados por la creciente polarización política en el país.
El sistema electoral húngaro, un sistema mayoritario mixto, favorece tradicionalmente al partido de Orbán, Fidesz. Sin embargo, las encuestas de opinión sugieren que el partido de Magyar, Tisza, podría obtener una amplia victoria, lo que podría poner fin al dominio de Fidesz.
La campaña electoral ha estado marcada por fuertes tensiones y acusaciones mutuas. Orbán ha acusado a Magyar de ser un títere de la Unión Europea y de querer "privar" a Hungría de su "futuro y su soberanía". Magyar, por su parte, ha denunciado la corrupción y el autoritarismo del gobierno de Orbán.
El gobierno de Orbán ha recibido el apoyo de figuras de la derecha internacional, como el expresidente estadounidense Donald Trump, quien prometió poner la "potencia económica" de Estados Unidos al servicio de Orbán. El vicepresidente estadounidense JD Vance también visitó Budapest esta semana para expresar su apoyo a Orbán y criticar la injerencia de la UE.
Por otro lado, la mayoría de los Estados miembros de la UE observan con atención las elecciones húngaras, con la esperanza de ver un cambio de gobierno que pueda mejorar las relaciones con Bruselas. La UE ha criticado repetidamente a Orbán por socavar el Estado de derecho y ha congelado miles de millones de euros en fondos destinados a Hungría.
"La mayoría de los Estados miembros estarán más bien felices de deshacerse" del líder nacionalista, afirmó un diplomático europeo.
La Comisión Electoral ha anunciado que los primeros resultados se conocerán poco después del cierre de las urnas, pero que el recuento total de votos podría prolongarse hasta el próximo sábado si la contienda es muy reñida.
En las filas del partido oficialista Fidesz se percibe un palpable nerviosismo. Orbán, tras votar, declaró que Hungría está "asediada por todas partes" y que "grandes potencias como Bruselas intentan dictar nuestro modo de vida".
Durante la campaña, Orbán prometió continuar con su política de represión contra las "falsas organizaciones de la sociedad civil, los periodistas vendidos, los jueces y los políticos". También se presentó como un baluarte contra Ucrania, a la que acusó de querer arrastrar a los húngaros a la guerra.
En contraste, Magyar ha prometido atajar la corrupción, restaurar las instituciones democráticas y hacer de Hungría un miembro leal de la UE. Ha recorrido el país sin descanso desde febrero, apelando a los votantes a dar una oportunidad al cambio.
Maria Toth, una ama de casa de 31 años con dos hijos, expresó su apoyo a Orbán después de votar en Budapest: "Tengo la impresión de que Hungría está asediada por todas partes y que grandes potencias como Bruselas intentan dictar nuestro modo de vida. Si él pierde, me preocupa el futuro de mis hijos".
Estas elecciones representan un momento crucial para Hungría, un país dividido entre el nacionalismo y el europeísmo, entre la tradición y el cambio. El resultado de la votación determinará el futuro político y económico del país, así como su relación con el resto de Europa. La atención internacional se centra ahora en Hungría, a la espera de conocer el veredicto de las urnas y el posible fin de una era.












