Entre una creciente incertidumbre y el agravamiento de la situación en Líbano, la diplomacia internacional se esfuerza por consolidar una tregua en la guerra de Medio Oriente que se tambalea tras una ola de ataques israelíes en territorio libanés. El cese al fuego, lejos de ser sólido, se encuentra condicionado por denuncias cruzadas, amenazas y contradicciones sobre la realidad en el terreno, especialmente en relación con lo que ocurre en el estrecho de Ormuz, considerado clave para la resolución del conflicto.
Analistas internacionales advierten sobre la fragilidad de la tregua, señalando que Israel atacó 100 blancos y causó la muerte de 300 personas en Líbano el primer día, argumentando que el país no estaba incluido en el alto el fuego. Esta acción provocó una reacción de Irán, que anunció un freno al paso de buques en el estrecho de Ormuz en señal de retaliación.
La Casa Blanca desmintió el cierre del estrecho, por donde transita el 20% del petróleo mundial, generando un gran desconcierto. Tanto Israel como Estados Unidos sostienen que Líbano no formaba parte del acuerdo de tregua. Sin embargo, el gobierno iraní dejó claro que reanudará las hostilidades si el gobierno de Benjamin Netanyahu continúa atacando a Hezbollah, su principal aliado regional.
El canciller iraní, Abbas Araqchi, declaró que Estados Unidos debe elegir entre el alto el fuego o continuar la guerra a través de Israel. No puede tener ambos. Los términos del alto el fuego Irán-Estados Unidos son claros. El mundo ve la masacre en Líbano. La pelota está en el tejado de Estados Unidos y el mundo está pendiente de si cumplirá sus compromisos .
Por su parte, Benjamin Netanyahu, en un discurso televisado, afirmó: Que quede claro: aún nos quedan objetivos por cumplir, y los alcanzaremos, ya sea mediante un acuerdo o reanudando los combates . El primer ministro israelí advirtió: Estamos preparados para volver al combate en cualquier momento que sea necesario. Seguimos con el dedo en el gatillo. Este no es el final de la campaña, sino un paso más en el camino hacia el logro de todos nuestros objetivos .
David Wood, especialista en temas libaneses del Crisis Group, advierte que Israel podría poner en peligro todo el alto el fuego si persiste en sus ataques contra Líbano, especialmente si Irán mantiene cerrado el estrecho de Ormuz en represalia. Wood señala que este escenario no beneficiaría al gobierno de Trump, que busca desesperadamente restablecer la estabilidad en la economía global, aunque Israel podría ver una ventaja en anular el acuerdo para continuar atacando tanto a Líbano como a Irán.
Federico Gaón, analista especializado en Medio Oriente, coincide en que Israel podría contrariar el cese al fuego si decide continuar con los ataques. Subraya que, si bien Líbano no es Irán, la ofensiva israelí contra Hezbollah y la creación de una zona de exclusión en el sur del país representan un retroceso significativo para los intereses iraníes.
Federico Merke, otro analista internacional, critica la estrategia de Trump, señalando que jugó a hacerse el loco , lo que puede servir para torcer la postura del rival, pero dificulta la consecución de una paz duradera debido a la falta de confianza de Irán en el presidente estadounidense. Merke también destaca las versiones divergentes entre Estados Unidos e Irán sobre los términos del acuerdo, lo que pone de manifiesto el papel precario de Pakistán como mediador y la necesidad de cada parte de presentarse como la vencedora.
Gaón añade que la tregua es frágil debido a la falta de un liderazgo político iraní con control indiscutible sobre la Guardia Revolucionaria, lo que dificulta la existencia de un interlocutor iraní lo suficientemente fuerte para garantizar la paz. Además, advierte que si los ataques iraníes contra países del Golfo continúan, Trump estará bajo mayor presión para escalar el conflicto, para evitar parecer débil o que sus amenazas no sean tomadas en serio.
Ante esta situación, la Casa Blanca anunció el envío del vicepresidente J.D. Vance a negociar con Irán este sábado en Islamabad, capital de Pakistán. El gobierno paquistaní fue el principal impulsor del acuerdo de tregua de dos semanas anunciado el martes, con la mediación de Qatar y Turquía.
Sin embargo, China también desempeñó un papel crucial en el proceso, logrando sentar en la mesa de negociaciones a Irán y ablandar su postura para llegar a una tregua. El propio Trump admitió la participación china en el proceso. Jorge Malena, director del Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), explica que Beijing tiene claros incentivos para favorecer una reducción de las tensiones, ya que mantiene importantes vínculos energéticos y económicos con Irán y posee un fuerte interés en evitar una interrupción del tráfico marítimo en el Golfo Pérsico, especialmente en torno al estrecho de Ormuz, vital para el comercio mundial de hidrocarburos.
Malena afirma que, aunque su papel no se presente como el de mediador central, la diplomacia china probablemente contribuyó a crear un entorno favorable para la aceptación iraní de la tregua. Ahora, ante la fragilidad del cese al fuego, se espera un mayor compromiso de China. La vocera de la cancillería china, Mao Ning, anunció que el país seguirá desempeñando un papel constructivo para lograr la paz y la estabilidad en la región, aunque se mostró cauta sobre la posibilidad de asumir un papel de garante de seguridad en Medio Oriente.












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