Boca Juniors afronta esta noche su debut en la Copa Libertadores con un desafío adicional a Universidad Católica: la adaptación al campo de juego sintético del renovado Claro Arena en Santiago. El cuerpo técnico, consciente de las particularidades de esta superficie, realizó entrenamientos específicos en Buenos Aires para aclimatar a los jugadores.
El estadio de Universidad Católica, inaugurado recientemente, cuenta con un césped sintético de última generación con certificación FIFA Quality Pro. A diferencia de otras canchas con césped artificial, el Claro Arena utiliza corcho triturado en lugar del tradicional relleno de caucho, buscando un comportamiento más similar al césped natural, según explicó Juan Tagle, presidente de Cruzados.
Sin embargo, las diferencias persisten. La pelota se desplaza con mayor velocidad, los controles demandan mayor precisión y los rebotes son más impredecibles que en un campo de césped natural. Esta situación recuerda a otros escenarios que Boca ha enfrentado, como el Allianz Parque de Palmeiras, criticado por su superficie sintética. Incluso Juan Román Riquelme había advertido sobre las dificultades de jugar en una cancha de alfombra en la previa de la semifinal de la Libertadores 2023.
Para prepararse, el equipo de Claudio Úbeda entrenó en las canchas de césped sintético del predio de Ezeiza, incluyendo la práctica de fútbol del domingo donde se perfiló el once titular. La intención es minimizar el impacto de la superficie en el juego y asegurar que los jugadores se sientan cómodos y puedan desplegar su juego habitual. La superficie del Claro Arena ha sido comparada con la del campo de juego del Botafogo.
El partido de esta noche pondrá a prueba la adaptación de Boca a este nuevo escenario y la efectividad de la preparación realizada en Buenos Aires. Suscríbete a Noticias lat para más noticias.








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