Diego Antonio Álvarez Lozano, alias Garly, presunto líder del grupo delictivo Los Lagartos, fue asesinado a las 12:30 de este sábado 4 de abril en el barrio 10 de Agosto, en la parroquia Pascuales, al norte de Guayaquil. El crimen se perpetró mientras Álvarez Lozano se encontraba a bordo de una motocicleta marca Honda, estacionada junto a un poste de alumbrado público.
Según el reporte, el ataque se inició con el lanzamiento de una piedra contra la víctima. Minutos después, un segundo individuo se aproximó y le disparó en múltiples ocasiones. Tras consumar el asesinato, los agresores sustrajeron la motocicleta, la cual fue posteriormente recuperada por la Policía Nacional en el mismo sector.
Fuentes policiales indican que Álvarez Lozano habría intentado incursionar en un territorio controlado por el grupo rival, Los Tiguerones. Se presume que el estado de embriaguez en el que se encontraba el presunto líder de Los Lagartos facilitó el ataque en su contra. La información preliminar sugiere que su intento de ingresar a un sector dominado por Los Tiguerones, en estado de embriaguez, desencadenó la violenta reacción.
El fallecido contaba con un extenso historial delictivo. Sus antecedentes judiciales incluyen delitos de robo, cometidos en los años 2008 y 2009; posesión ilícita de drogas, registrada en 2011; y tenencia de armas y explosivos, en 2025. Este historial delictivo refuerza la presunción de su participación en actividades ilícitas y su vinculación con el grupo criminal Los Lagartos.
El cuerpo de Álvarez Lozano fue trasladado por el vehículo de Medicina Legal para la realización de la autopsia y los procedimientos correspondientes. Las autoridades competentes han iniciado las investigaciones para esclarecer los hechos, identificar a los responsables y determinar los móviles del crimen.
Este asesinato se suma a la creciente ola de violencia que azota la parroquia Pascuales. Hasta el cierre de esta edición, el distrito ha registrado un total de 87 muertes violentas en lo que va del año. Esta alarmante cifra refleja la escalada de la inseguridad y la presencia de grupos delictivos que operan en la zona, generando un clima de temor e inestabilidad entre los habitantes.
La situación en Pascuales, y en general en el norte de Guayaquil, se ha deteriorado significativamente en los últimos meses, con un aumento exponencial de los actos violentos, incluyendo asesinatos, robos y extorsiones. Las autoridades han implementado operativos de seguridad y planes de control para combatir la delincuencia, pero los resultados hasta el momento son insuficientes para contener la escalada de la violencia.
El caso de Diego Antonio Álvarez Lozano, alias Garly, pone de manifiesto la complejidad del problema de la inseguridad en Guayaquil y la necesidad de implementar estrategias integrales que aborden las causas estructurales de la violencia, como la pobreza, la desigualdad social y la falta de oportunidades. Además, es fundamental fortalecer las instituciones encargadas de la seguridad y la justicia, y mejorar la coordinación entre los diferentes organismos del Estado para garantizar la protección de los ciudadanos y el cumplimiento de la ley.
La muerte de este presunto líder criminal podría desencadenar una nueva ola de violencia entre Los Lagartos y Los Tiguerones, lo que agravaría aún más la situación en Pascuales. Las autoridades deben estar preparadas para enfrentar posibles retaliaciones y tomar medidas preventivas para evitar que la violencia se extienda a otras zonas de la ciudad.
La comunidad de Pascuales exige a las autoridades una respuesta contundente ante la creciente ola de violencia y la impunidad que impera en la zona. Los habitantes se sienten abandonados y temen por su seguridad y la de sus familias. Es necesario que el Estado garantice la protección de los ciudadanos y les brinde las herramientas necesarias para construir un futuro más seguro y próspero.
La investigación del asesinato de Álvarez Lozano se centra en determinar si el ataque fue ordenado por Los Tiguerones como represalia por su intento de ingresar a su territorio, o si se trató de un ajuste de cuentas interno dentro del grupo criminal Los Lagartos. Las autoridades están analizando las posibles conexiones entre el fallecido y otros miembros de la banda, así como sus actividades ilícitas más recientes.
El caso también ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de los líderes criminales, incluso aquellos que se creen protegidos por su poder y su influencia. La muerte de Álvarez Lozano demuestra que nadie está a salvo de la violencia en Guayaquil, y que la delincuencia puede golpear en cualquier momento y en cualquier lugar.
La Policía Nacional ha intensificado los controles en Pascuales y en otras zonas de la ciudad consideradas de alto riesgo, con el objetivo de prevenir nuevos actos violentos y capturar a los responsables del asesinato de Álvarez Lozano. Se han desplegado más uniformados en las calles y se han establecido puntos de control para verificar la identidad de las personas y los vehículos que circulan por la zona.
La lucha contra la delincuencia en Guayaquil es un desafío complejo que requiere la participación de todos los sectores de la sociedad. Es necesario que los ciudadanos colaboren con las autoridades, denunciando cualquier actividad sospechosa y brindando información que pueda ayudar a identificar a los delincuentes. Además, es fundamental promover la educación, el empleo y la inclusión social como herramientas para prevenir la violencia y construir una sociedad más justa y equitativa.











