Un equipo de 15 científicas peruanas, provenientes de la Universidad Científica del Sur y otras instituciones, regresó de la Antártida tras participar en la expedición ANTAR XXXII, organizada por la Cancillería. Este grupo multidisciplinario, compuesto por biólogas, médicas veterinarias, tesistas y docentes, se dedicó a estudiar los efectos del cambio climático en uno de los ecosistemas más frágiles y extremos del planeta. La expedición, que incluyó a Liliana Ayala, Kathya Espinoza y Marina Quiñe como figuras destacadas, ha arrojado luz sobre transformaciones significativas en el paisaje antártico y sus implicaciones globales.
La República tuvo acceso a los testimonios de estas científicas, quienes lideraron proyectos enfocados en comprender la dinámica de un entorno dominado por el hielo y las bajas temperaturas. Una de las observaciones más notables fue el aumento en la proliferación de líquenes, organismos compuestos por hongos y algas, que representan una de las pocas formas de vida capaces de prosperar en condiciones tan adversas. Se han registrado más de 50 especies de líquenes, lo que sugiere una adaptación y colonización del territorio a medida que el calentamiento global provoca el deshielo.
Marina Quiñe, egresada en Biología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y actualmente investigadora en la Universidad Científica del Sur, enfatizó el papel de las científicas peruanas como embajadoras no solo del Perú, sino también de la ciencia en la Antártida . Quiñe participó en la segunda fase de la expedición a bordo del buque oceanográfico BAP Carrasco, donde se analizaron sedimentos marinos para reconstruir la historia climática de los últimos mil años y evaluar su impacto en la actualidad.
Según Quiñe, el aumento de las temperaturas globales está acelerando el deshielo antártico, prolongando los periodos de derretimiento y exponiendo nuevas áreas de tierra. Este fenómeno, si bien permite la colonización por parte de plantas, también podría contribuir a un mayor calentamiento, creando un ciclo de retroalimentación positiva. La bióloga advierte que los procesos de glaciación y desglaciación son fundamentales para la productividad del mar, ya que influyen en la cantidad de luz solar que llega a las aguas y, por lo tanto, en la proliferación de microalgas, la base de la cadena alimentaria antártica.
Sin embargo, el deshielo también altera la salinidad del agua, favoreciendo el desarrollo de especies de fitoplancton y zooplancton diferentes, lo que a su vez afecta la disponibilidad de alimento para especies clave como el kril. Quiñe observó una disminución en la población de kril y un aumento en la presencia de organismos como las salpas, lo que podría tener consecuencias negativas para especies depredadoras como las ballenas, que podrían verse obligadas a buscar nuevas áreas de alimentación.
La investigación también reveló que el cambio climático está propiciando un aumento en las asociaciones entre hongos y algas, formando líquenes. Estos organismos actúan como pioneros en la colonización de nuevas áreas, preparando el terreno para el establecimiento de plantas más complejas en el futuro. Quiñe predice que, en las próximas décadas, se podrían observar plantas vasculares en áreas que antes estaban cubiertas de hielo.
Liliana Ayala, licenciada en Biología por la Universidad Nacional Federico Villarreal y doctora en Ciencias Aplicadas, ha participado en varias expediciones a la Antártida a través del IMARPE y APECO. En esta ocasión, su trabajo se centró en analizar la relación entre la distribución de aves y mamíferos marinos y las variaciones de la temperatura superficial del mar. Ayala y su equipo recopilaron datos durante más de dos semanas a bordo del BAP Carrasco, trabajando en turnos desde las 5:00 a. m. hasta las 9:00 p. m. para registrar la presencia de aves y mamíferos, así como para recolectar muestras de agua a diferentes profundidades.
Ayala destacó la importancia de la divulgación científica, señalando que la Universidad Científica del Sur tiene un componente de divulgación que busca llevar los resultados de las investigaciones a las escuelas y a la comunidad en general. La científica enfatizó que este tipo de trabajos tienen una larga historia en Perú y que los proyectos se postulan con el objetivo de estudiar la megafauna marina, las enfermedades de las aves marinas y la paleoceanografía.
Kathya Espinoza, médico veterinaria zootecnista y máster en microbiología, lideró un proyecto innovador que se centró en el estudio de la resistencia a los antibióticos de las bacterias Ec-KFAPE presentes en las heces de ping inos en Punta Crepín, isla Rey Jorge. El objetivo de su investigación es comprender cómo estos organismos, asociados a ambientes humanos, pueden llegar y persistir en lugares extremos como la Antártida. Espinoza subraya la importancia de abordar la resistencia antibiótica como una amenaza para la salud global y su conexión con la salud humana, animal y ambiental.
Espinoza realizó cuatro salidas de campo para recolectar muestras de heces frescas de ping inos, trabajando en condiciones climáticas extremas y cumpliendo horarios rigurosos. Los resultados preliminares de su investigación se esperan para finales de junio y podrían proporcionar información valiosa sobre la dinámica de la resistencia antibiótica en el ecosistema antártico.
La experiencia de estas científicas peruanas en la Antártida no solo ha contribuido al avance del conocimiento científico, sino que también ha fortalecido la colaboración internacional y ha puesto de manifiesto el compromiso de Perú con la investigación y la conservación de este valioso ecosistema. La oportunidad de compartir conocimientos y experiencias con otros investigadores de diferentes disciplinas ha sido enriquecedora, y se espera que más científicos peruanos puedan participar en futuras expediciones a la Antártida, contribuyendo con datos clave para el análisis de la biodiversidad, el impacto climático, la dinámica del océano y las enfermedades emergentes.











