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Centroamérica: Ocho Décadas de Pobreza Persistente Tras la Segunda Guerra Mundial

Ocho décadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Centroamérica sigue atrapada en un ciclo de pobreza que atraviesa a todas sus generaciones. No importa la etiqueta que lleven: la brecha real no es de edad, sino de oportunidades. Terminada la Segunda Guerra Mundial, el mundo se reconstruía, pero no todos partíamos del mismo punto. En [...] La entrada Generaciones bajo el mismo techo roto se publicó primero en Proceso Digital .

Centroamérica: Ocho Décadas de Pobreza Persistente Tras la Segunda Guerra Mundial

Ocho décadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Centroamérica enfrenta un ciclo de pobreza intergeneracional, donde la verdadera división no reside en la edad, sino en el acceso a oportunidades. Mientras el mundo se reconstruía, la región luchaba con carencias, economías primario-exportadoras y sistemas políticos inestables, siendo percibida desde el norte global como un conjunto de “países bananeros”.

Las generaciones que han crecido en Centroamérica desde entonces –Baby Boomers, Generación X, Millennials y Generación Z– han experimentado realidades muy distintas a las de sus contrapartes en el norte. Los Baby Boomers no vivieron el “milagro económico”, sino la migración forzada y las dictaduras. La Generación X creció en medio de guerras civiles y endeudamiento. Los Millennials, con la promesa de la globalización, encontraron empleo precario y corrupción. La Generación Z hereda una brecha digital y educativa alarmante, con deserción escolar en aumento y desvalorización del trabajo docente.

Eventos globales como el fin de la Guerra Fría, la crisis de 2008 y la pandemia de COVID-19 han impactado profundamente la región, reforzando los ciclos de pobreza. La tecnología, si bien ha generado beneficios económicos, ha dejado atrás a los más vulnerables. La clasificación por generaciones resulta irrelevante frente a la disparidad de acceso a recursos y oportunidades.

El desafío para 2026 no es redefinir las generaciones, sino unirlas para desmantelar las estructuras que perpetúan la desigualdad. Se necesita una generación, independientemente de su año de nacimiento, que luche por un continente y un Triángulo Norte donde la pobreza deje de ser una constante. Superar esta situación requiere abandonar liderazgos que menosprecian el conocimiento y la educación.

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