Cientos de personas participaron este Viernes Santo en la Procesión del Silencio en Pachuca, Hidalgo, una tradición de 59 años que conmemora el luto de la Virgen María tras la muerte de Jesús. La procesión, que inició en la iglesia de La Asunción de María, recorrió las principales calles del centro histórico hasta llegar a la Parroquia Basílica de Santa María de Guadalupe, en La Villita.
Familias completas, muchas vestidas de negro en señal de luto, acompañaron la imagen de Jesús Yacente y la Virgen María, portando velas que iluminaban el camino. La Banda de Guerra de la Policía Municipal escoltó la procesión, marcando el paso solemne y propiciando un ambiente de reflexión espiritual. El presbítero Miguel Peña Ortega guio el recorrido, recordando a los fieles que Jesús dio su vida por la humanidad.
La procesión se detuvo brevemente en la Plaza Independencia, frente al Reloj Monumental, permitiendo a los devotos expresar su fe y devoción. La cruz de la parroquia de La Asunción de María fue cargada por diferentes feligreses, mientras que jóvenes y adultos portaron el féretro de Jesús y la base de María. Las mujeres fueron las encargadas de llevar la base de la Virgen, demostrando su compromiso y fe.
El recorrido avanzó por la calle Guerrero, la más comercial del centro histórico, con algunos locales cerrados en señal de respeto y otros con las luces encendidas. El único sonido que se escuchaba era el de las bandas de guerra, interpretando melodías solemnes que invitaban a la reflexión. La Procesión del Silencio generó la suspensión temporal de las estaciones Plaza Juárez y Parque del Maestro del Tuzobús, para permitir el paso seguro de los participantes.
Al llegar a la Parroquia Basílica de Santa María de Guadalupe, las familias esperaban a María y a Jesús Yacente, en el Santo Sepulcro. El presbítero Miguel Peña inició el canto religioso de luto, acompañado por los devotos, quienes expresaron su dolor y su fe.
La Procesión del Silencio es una de las tradiciones más arraigadas de la Semana Mayor en Pachuca, y forma parte de las conmemoraciones de los últimos momentos de Jesucristo. La Iglesia Católica recomienda a las personas de 14 a 59 años abstenerse de comer carne, aunque esta tradición puede ser reemplazada por otras abstinencias.
En otros ámbitos culturales y sociales, la Semana Mayor también ha sido escenario de diversas actividades. En la Sala Salvador Toscano se rememoraron los orígenes de las escenificaciones en la capital del estado, destacando el trabajo de quienes fundaron estas tradiciones. Además, colectivos artísticos y activistas han utilizado el arte urbano y las intervenciones simbólicas para expresar críticas sociales y ambientales, especialmente en relación con los costos asociados a eventos como los Mundiales de Fútbol.
La exposición colectiva en el Cecultah, ahora incorporado al CENART, reúne gráfica contemporánea nacional e internacional, buscando generar reflexión social y transformar conductas a través de testimonios escénicos sobre la violencia hacia las mujeres.
Asimismo, un nuevo libro analiza las hazañas de los Mundiales, los sobornos, los negocios ilícitos y la violencia deportiva, sin dejar de lado el crecimiento del fútbol femenil, en un contexto marcado por tensiones políticas y sociales.
La necesidad de entretenimiento en la Nueva España dio lugar a la creación de un teatro principal, impulsado por las autoridades de la época. Y en el ámbito de la narrativa, se relata el origen de la obsidiana tornasol en el Cerro de las Navajas, ligado a una historia de amor.
En un contexto más amplio, diversas actividades culturales independientes se difunden a través de diferentes plataformas, buscando ampliar el acceso a la cultura y el arte. La Semana Mayor, por lo tanto, se presenta como un momento de reflexión espiritual, conmemoración de tradiciones y expresión cultural en diversas formas.











