La cumbia sonidera, nacida en los barrios de la Ciudad de México en la década de 1940, ha encontrado un nuevo hogar al norte de la frontera, acompañando a la comunidad inmigrante mexicana en Estados Unidos. Más que simples fiestas, los eventos sonideros son una recreación del barrio, un espacio donde la música, la comunidad y la narración convergen en un ambiente único.
Arnulfo Aguilar Vázquez, con 45 años de trayectoria con su sonido Condor, explica que la idea de llevar su música a Estados Unidos surgió al notar la nostalgia y la tristeza de los mexicanos que migraron. Inicialmente, a través de grabaciones en casete, comenzó a enviar saludos a compatriotas en diversas ciudades estadounidenses. Con el tiempo, la demanda creció y se concretaron presentaciones en Los Ángeles, Dallas, Nueva York y otras ciudades con alta concentración de población mexicana.
Los sonideros, caracterizados por sus potentes equipos de sonido y la figura del maestro de ceremonias, no solo reproducen música cumbia, salsa y sus variantes sino que también envían saludos personalizados, dedicando canciones a personas y barrios específicos. Cada sonido tiene su propio estilo, pero todos comparten el objetivo de mantener viva la herencia musical y cultural.
Carlos Mosso, creador del sonido Cumbierito en Nueva York, relata cómo la música le ayudó a superar la depresión tras su migración y cómo ha logrado construir una comunidad a través de su página de Facebook Sonideros de afición NYC . Mosso destaca la creciente aceptación de los sonideros por parte de diversas nacionalidades, evidenciado en videos virales en redes sociales.
La cultura sonidera, reconocida en 2023 como Patrimonio Cultural Inmaterial por el Gobierno de Ciudad de México, es más que un baile: es un idioma compartido que reconstruye redes de pertenencia fragmentadas por la migración. Es un puente entre generaciones, una forma de recordar y de mantener viva la identidad.
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