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CALVARIO: Tierra Santa, historia y fe mendocina

CALVARIO: Tierra Santa, historia y fe mendocina

El Calvario de la Carrodilla, un espacio sagrado en Mendoza, tiene una rica historia que se remonta a la década de 1840, con el fraile franciscano José Aimón como figura clave en su origen. Inicialmente, el lugar era un campo rural perteneciente a la familia Solanillas, en la villa de San Vicente (hoy Godoy Cruz), donde la gente se reunía para rezar al atardecer. Aimón, profundamente devoto de la Pasión de Cristo, decidió construir allí un Calvario, comenzando con una capilla rústica de adobe y caña, junto con imágenes como el Señor de la Salud, Santa María Magdalena y San Juan Bautista. Las estaciones del Vía Crucis se ubicaron inicialmente a lo largo de la calle, en hornacinas sencillas.

El espacio rápidamente se convirtió en un punto de devoción popular, pero su historia dio un giro significativo con el devastador terremoto del 20 de marzo de 1861. Mendoza entera quedó en ruinas, incluyendo capillas, casas y edificios públicos. En medio del caos y la tragedia, la iglesia de la Carrodilla y la capilla del Calvario permanecieron en pie, lo que fue interpretado por la población como un milagro. A partir de ese momento, el lugar comenzó a ser considerado "tierra santa".

Durante el terremoto, el Calvario se convirtió en un refugio para los sobrevivientes y un lugar de descanso final para muchos que fallecieron en el camino. Se estima que numerosos cuerpos de víctimas del sismo fueron enterrados a los pies de las estaciones del Vía Crucis, convirtiendo al Calvario en un "campo santo" cuya magnitud exacta se desconoce.

Tras el terremoto, se consolidó la tradición de acompañar al Señor de la Salud desde la noche del Jueves Santo hasta la mañana del Viernes Santo. Gente de toda la provincia acampaba en el lugar, encendía fogones y compartía mate en silencio, en una vigilia intensa y emotiva que transformó al Calvario en un símbolo espiritual para los mendocinos.

El Vía Crucis, una tradición originaria de Tierra Santa, se convirtió en una práctica central en el Calvario, permitiendo a los fieles meditar sobre la Pasión de Cristo y revivir la historia de la salvación.

El antiguo Calvario de adobe perduró hasta principios del siglo XX, pero en la década de 1950 experimentó una importante transformación gracias al arquitecto Daniel Ramos Correa. Este amplió la explanada, reorganizó las estaciones y diseñó el sector de las tres cruces, con un Cristo crucificado y un sepulcro nuevo construido en piedra bola. La inauguración del nuevo Calvario tuvo lugar un Domingo de Ramos y fue bendecido por monseñor Alfonso María Buteler, segundo obispo de Mendoza.

En 2013, se inició un proyecto de revalorización de las imágenes históricas, liderado por el padre Antonio Marianelli. Hasta entonces, solo el Señor de la Salud permanecía expuesto todo el año, mientras que las demás imágenes solo se exhibían durante la Semana Santa. Ahora, todas las imágenes se encuentran en la capilla, disponibles para la veneración pública.

La tradición del "encuentro" entre Jesús y la Virgen también es un elemento central de la Semana Santa en el Calvario. El Jueves Santo, se recrea el encuentro de Jesús y la Virgen, dando origen a la advocación de Nuestra Señora del Encuentro.

Una de las historias más destacadas es la del Cristo Huarpe, una imagen jesuítica de gran valor patrimonial que originalmente se encontraba en la zona de Laguna del Guanacache. Aunque no fue creado por los huarpes, recibió ese nombre por su ubicación original. La imagen permaneció en el Museo de la Carrodilla hasta que fue trasladada al seminario por pedido de monseñor Cándido Rubiolo. Para el nuevo Calvario, se realizó una réplica basada en un calco del original, y el mismo escultor creó el Cristo Yacente que hoy se encuentra en el sepulcro.

Sin embargo, la historia de esta imagen tiene un giro sorprendente: monseñor José Américo Orsali ordenó quemar la imagen por considerarla "desproporcionada". Afortunadamente, uno de los sacerdotes escondió la imagen en la sacristía, salvándola de la destrucción.

La iglesia de la Carrodilla actual combina elementos del templo primitivo con reconstrucciones posteriores al sismo de 1861. Solo se conservaron las paredes laterales, mientras que el resto fue reconstruido con arcos y columnas que aún se pueden apreciar. El campanario también fue levantado nuevamente, con dos campanas nuevas llamadas Santa Elena y San Julio. Las tejas del techo son más antiguas que la iglesia, ya que pertenecieron al Hospital San Antonio, de época sanmartiniana.

Además de fundar el Calvario, fray Aimón desempeñó un papel fundamental en la construcción de la iglesia de la Carrodilla y fundó otros tres calvarios en el país. Falleció en Catamarca, y su muerte estuvo acompañada de un hecho singular: las campanas de la Carrodilla sonaron solas, un fenómeno interpretado como un lenguaje especial de las campanas que anunciaba el fallecimiento de un ser querido.

El conjunto de altos relieves que rodean el Calvario narra la historia de la Virgen de la Carrodilla y de la iglesia, formando un mapa de Mendoza si se unen. En ellos se puede apreciar incluso el campanario original, de madera y aguja gótica.

Otro mural esencial es el de la Virgen de los Viñedos, obra de Hugo Leites, que representa a una monja dominica, recordando la presencia de estas hermanas en la antigua casa de los Solanillas, donde dirigían una escuela.

El mural final retrata la coronación de la Virgen de la Carrodilla en 1938, una ceremonia realizada en el Calvario con la participación de miles de fieles.

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