Después de 30 días de incubación, los primeros pichones de guacamaya roja de la temporada 2026 han eclosionado en el laboratorio de manejo de la especie, ubicado en el Parque Nacional Laguna del Tigre, Petén. Este logro representa un esfuerzo significativo para la conservación de una especie amenazada, de la cual solo quedan aproximadamente 500 ejemplares en el país, según el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).
Desde el 2002, un equipo de Wildlife Conservation Society (WCS) Guatemala realiza un monitoreo exhaustivo de la reproducción de las guacamayas rojas, escalando árboles para observar la eclosión de huevos, la supervivencia de los polluelos y su crecimiento. El monitoreo se inicia en enero y concluye en septiembre, cuando los pichones comienzan a independizarse.
Investigaciones realizadas desde 2008, mediante el uso de cámaras en los nidos, revelaron la presencia de depredadores como el halcón selvático y abejas africanizadas, así como la priorización de los padres hacia los primeros pichones en eclosionar. Para aumentar el éxito reproductivo, el equipo de WCS retira los huevos que no eclosionan a tiempo y los traslada a incubadoras con energía solar.
Los pichones son alimentados manualmente hasta que alcanzan el tamaño y peso adecuados, y luego trasladados a una jaula de vuelo para aprender a valerse por sí mismos. A través de transmisores, se ha rastreado la ruta de vuelo de algunas aves liberadas, que recorren más de 190 kilómetros hasta territorio mexicano y regresan a la selva petenera en época reproductiva. Hasta la fecha, WCS ha liberado más de 200 guacamayas rojas.
El proyecto enfrenta desafíos como la lejanía de los nidos, los altos costos de transporte y equipo, la amenaza de traficantes de fauna silvestre (un ejemplar puede costar hasta Q40 mil), los incendios, las invasiones ilegales y la presencia del crimen organizado. A pesar de estos obstáculos, cada guacamaya liberada confirma la viabilidad de la especie.
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