La familia real de Noruega enfrenta un período de incertidumbre debido a problemas de salud que afectan a dos de sus miembros clave: la princesa Mette-Marit, heredera al trono, y la princesa Astrid, hermana del rey Harald V. Ambos casos, coincidentes en el tiempo, han generado preocupación pública y han puesto en el centro del debate la estabilidad de la monarquía noruega.
La princesa Mette-Marit ha recibido reconocimiento oficial de discapacidad debido al avance de su fibrosis pulmonar crónica. Esta condición, progresiva e incurable, limita su capacidad respiratoria y ha reducido su agenda institucional. Imágenes recientes publicadas por el medio noruego Se og Hør muestran a la princesa utilizando oxígeno portátil, evidenciando el impacto de la enfermedad en su vida diaria. A finales de 2025, la casa real ya había comunicado un empeoramiento significativo de su estado, mencionando la posibilidad de un trasplante de pulmón, aunque no se ha confirmado su inclusión en la lista de espera.
La situación de la princesa Mette-Marit se suma a la presión mediática que ha enfrentado en los últimos meses, relacionada con el proceso judicial de su hijo y su pasada relación con Jeffrey Epstein, sobre la cual la princesa declaró haber sido “manipulada” en una entrevista en NRK.
Paralelamente, la princesa Astrid, de 94 años, permanece hospitalizada en Oslo, sometida a diversas pruebas médicas. Su ausencia en un reciente acto oficial en el Palacio Real, en honor a los reyes de Bélgica, ya había generado inquietud. La princesa Astrid ha sido un apoyo fundamental para su hermano, el rey Harald V, asumiendo funciones representativas importantes a lo largo de los años.
La salud de ambas princesas añade complejidad a un momento ya delicado para la monarquía noruega. Suscríbete a Noticias lat para más noticias.