Israel ha confirmado este viernes un ataque contra el complejo de agua pesada en la provincia iraní de Arak, justificado por la detección de “intentos para reparar” una infraestructura clave para la producción de plutonio para armas nucleares. Este ataque se suma a denuncias iraníes sobre bombardeos conjuntos de Israel y Estados Unidos contra esta instalación y contra una fábrica de óxido de uranio concentrado, conocida como “torta amarilla”, en la provincia de Yazd.
Las autoridades iraníes han informado que, si bien se produjeron los ataques, las investigaciones iniciales no indican liberación de materiales radiactivos, descartando por el momento riesgo de contaminación para la población. La agencia nuclear iraní ha calificado el ataque a Arak como un “ataque criminal perpetrado por el enemigo estadounidense-sionista”.
Israel ha defendido la acción argumentando que la planta de Arak representaba un importante activo económico para la Organización de Energía Atómica de Irán, generando decenas de millones de dólares anuales. El ataque, según fuentes israelíes, busca debilitar la economía iraní.
Simultáneamente, las autoridades nucleares de Irán han denunciado otro ataque contra la fábrica de “torta amarilla” de Ardakán, en Yazd. Al igual que en Arak, se asegura que no hubo liberación de materiales radiactivos y, por lo tanto, no existe preocupación para los ciudadanos ni las zonas aledañas.
Estos acontecimientos se producen en un contexto de alta tensión, tras el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de extender la suspensión de ataques contra centrales eléctricas de Irán por un período de 10 días, hasta el próximo 6 de abril, tras posponerlos previamente durante cinco días y dar un ultimátum de 48 horas a Teherán para que reabriera el estrecho de Ormuz.
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