La crisis en el estrecho de Ormuz se agudiza mientras Estados Unidos extiende su ultimátum a Irán hasta el 6 de abril, amenazando con atacar sus centrales eléctricas si no reabre la vía marítima crucial para el comercio global. El presidente Donald Trump asegura que las conversaciones están “progresando muy bien”, a pesar de las versiones contradictorias y la firme postura de Teherán.
Irán, por su parte, ha prohibido el tránsito marítimo hacia y desde puertos vinculados a Estados Unidos e Israel, y advierte que cualquier embarcación que intente cruzar el estrecho podría enfrentar “medidas severas”. Al menos tres buques portacontenedores ya habrían dado media vuelta tras recibir advertencias de la marina iraní.
El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, se ha convertido en el epicentro de una crisis energética y geopolítica de gran magnitud. Mientras Washington habla de avances, Teherán rechaza un plan de 15 puntos propuesto por EEUU y defiende su derecho a restringir el paso a buques vinculados a sus “enemigos”, argumentando que busca garantizar la seguridad bajo control iraní.
En paralelo, el Pentágono evalúa escenarios de intervención militar, incluso con participación de fuerzas terrestres. Francia ha manifestado su disposición a participar en una misión militar para restablecer la seguridad en el estrecho, pero solo cuando hayan cesado las hostilidades. Los ministros de Exteriores de Francia y la India han mostrado su voluntad de coordinarse para garantizar la seguridad en la zona.
Irán ha movilizado un millón de combatientes para hacer frente a un eventual combate en su territorio y se centra en la defensa de la estratégica isla de Jarg, desde donde se exporta casi el 90% del petróleo iraní. La situación sigue siendo extremadamente volátil y el riesgo de una escalada bélica es inminente.
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