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Tesoros Persas en la Mira: La Guerra Borra Milenios de Historia

Los ataques han afectado al menos a 56 museos y sitios históricos, según las autoridades de Teherán

Tesoros Persas en la Mira: La Guerra Borra Milenios de Historia

El conflicto en Irán trasciende las tensiones geopolíticas y se ha convertido en una amenaza directa para su invaluable patrimonio cultural, acumulado a lo largo de 2.500 años de historia. Bombardeos recientes, atribuidos a Estados Unidos e Israel, han causado daños significativos a sitios históricos emblemáticos, generando alarma a nivel internacional y un profundo dolor en la población iraní, fuertemente apegada a su identidad y legado.

El Palacio Saadabad, en Teherán, una residencia real del siglo XIX ampliada durante la dinastía Pahlevi, es el último ejemplo de esta devastación. Fotografías difundidas por agencias oficiales iraníes muestran puertas de madera destrozadas, una monumental escalera cubierta de escombros y techos interiores parcialmente colapsados. El Ministerio de Patrimonio Cultural, Turismo y Artesanía de Irán ha confirmado que la estructura del palacio ha sufrido daños estructurales debido a las explosiones cercanas.

Este ataque se suma a una creciente lista de sitios históricos afectados por los bombardeos. En las dos primeras semanas de ataques, iniciados el 28 de febrero, el palacio Ali Qapu y el jardín Chehel Sotoun en Isfahán, datados en el siglo XVII durante la dinastía safávida, también sufrieron graves daños, según vídeos verificados por medios como The New York Times. La Mezquita Aljama o Gran Mezquita de Isfahán, un templo con orígenes que se remontan al año 711, también ha sido afectada, con la pérdida de algunos de sus característicos azulejos turquesa. Este templo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2012, es un símbolo de la arquitectura islámica y la historia persa.

El Palacio de Golestán, conocido como “el Versalles persa”, también ha sufrido deterioros tras el impacto de misiles cerca de una comisaría adyacente. Este palacio, más antiguo que su homólogo francés, data del siglo XIV y su famoso Salón de los Espejos ha quedado cubierto de cristales rotos.

Hasta el 14 de marzo, el Ministerio de Patrimonio Cultural y Turismo de Irán contabilizó 56 museos y sitios históricos afectados por los bombardeos en todo el país, la mayoría en Teherán, debido a su concentración de instituciones gubernamentales y estatales. La UNESCO ha expresado su alarma ante el riesgo que corre este patrimonio incalculable, recordando la prohibición de atacar sitios culturales protegidos según el derecho internacional humanitario.

Historiadores y expertos iraníes advierten sobre las implicaciones de esta destrucción. Arash Azizi, desde Estados Unidos, señala que preocuparse por la cultura en medio de una crisis humanitaria puede parecer trivial, pero subraya que “los seres humanos no son abstracciones” y que la destrucción del patrimonio cultural tiene un “efecto nefasto” en la identidad y el bienestar de los iraníes.

Mojtaba Najafi, periodista e investigador iraní radicado en París, enfatiza que estos monumentos históricos son esenciales para el sentido de pertenencia y la conexión con una rica y antigua civilización. “Nos ayudan a posicionarnos como una nación dotada de una larga historia y nos permiten ser interlocutores de otras culturas y naciones”, afirma.

En un intento desesperado por proteger su patrimonio, operarios iraníes han instalado banderas azules en los tejados de los monumentos, señalizando su estatus de sitios protegidos. Sin embargo, estas banderas no parecen disuadir los ataques en las cercanías de lugares emblemáticos como la plaza Naqsh-e Jahan en Isfahán, que alberga la mezquita Abasí y otros palacios históricos.

El castillo de Shapur Khast, una fortaleza del siglo III en la provincia de Lorestán, también ha sufrido graves daños en un ataque aéreo. La destrucción de estos sitios, según Azizi, es “una de las experiencias más dolorosas de la guerra” y un símbolo de la brutalidad del conflicto y la falta de consideración por las vidas civiles y el patrimonio cultural.

Najafi advierte que la destrucción del patrimonio cultural podría incluso reforzar la dictadura en Irán, al tiempo que socava la identidad nacional y la capacidad de diálogo con otras culturas. Se describe a sí mismo como “una víctima más de la República Islámica” y se opone tanto a la dictadura como a la guerra.

El gobernador de Isfahán, Mehdi Jamalinejad, calificó los ataques contra la ciudad de “bárbaros” en un mensaje en X, acusando a Estados Unidos e Israel de atentar contra “los símbolos más antiguos de la civilización”. Llamó al mundo a “no permanecer en silencio ante esos crímenes”.

Najafi considera que la República Islámica “no tiene futuro” y que la prioridad fundamental debería ser “la preservación de Irán en su conjunto”. Advierte que el país es la principal víctima potencial de esta guerra, con riesgos para sus ciudadanos, monumentos históricos, infraestructuras estratégicas e incluso su integridad territorial.

La situación plantea serias interrogantes sobre el respeto al derecho internacional humanitario y la protección del patrimonio cultural en tiempos de conflicto. La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos y la posibilidad de que se produzcan daños irreparables a un legado histórico de valor incalculable. La destrucción de estos tesoros persas no solo representa una pérdida para Irán, sino para toda la humanidad.

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