Miguel Mateos encendió el Auditorio Nacional con un concierto que fue un viaje nostálgico a través de cuatro décadas de éxitos, culminando en un momento histórico con la inesperada aparición de Alex Lora, líder de El Tri. El evento, centrado en la celebración del álbum “Solos en América” (1986), demostró que el rock latino sigue vivo y resonando con fuerza en el corazón del público mexicano.
La noche comenzó con una atmósfera cargada de expectativa. Miguel Mateos, a sus 72 años, irrumpió en el escenario con una energía sorprendente, ataviado con un saco bordado y empuñando su emblemática guitarra eléctrica. La primera canción, “Llámame si me necesitas”, desató una ovación estruendosa, marcando el inicio de un recorrido musical que abarcaría tanto los clásicos de “Solos en América” como otros temas emblemáticos de su extensa carrera.
Mateos no tardó en conectar con su público, agradeciendo su lealtad a lo largo de 40 años y recordando sus humildes comienzos en México. “Hace 40 años por primera vez puse un pie en este país con ‘Solos en América’, nadie me conocía, y comencé a recorrer las radios”, compartió el artista, visiblemente emocionado. La respuesta del público fue inmediata, coreando sus canciones con pasión y entonando el tradicional “¡Olé, olé, olé, olé, Miguel, Miguel!”.
El concierto fue un despliegue de versatilidad musical. Mateos no solo demostró su destreza con la guitarra, sino que también se aventuró al teclado, el pandero y la armónica, manteniendo al público en un constante vaivén emocional. Canciones como “Mi sombra en la pared”, “Perdiendo el control”, “Y sin pensar”, “Ámame ahora, no mañana” y “Libre vivir” resonaron con fuerza, evocando recuerdos y despertando emociones en los asistentes.
En un momento de pausa entre canciones, Mateos bromeó con el público sobre su posible clonación mediante inteligencia artificial, mostrando un video donde se le veía rejuvenecido y vestido como un futbolista de la selección mexicana. “¡Que la final del campeonato del mundo sea México-Argentina!”, exclamó, provocando risas y aplausos.
La atmósfera se intensificó con la interpretación de “Si tuviéramos alas”, “Si el amor existe” y “Tirar los muros abajo”, canciones que invitaron al público a cantar, bailar y levantar los puños en señal de unidad. Para los latinos que residen en Estados Unidos, Mateos dedicó la canción que da nombre al álbum, “Solos en América”, mientras el Auditorio Nacional se iluminaba con las luces de los celulares.
Pero el momento cumbre de la noche llegó con la inesperada aparición de Alex Lora. Tras una breve introducción por parte de Mateos, quien lo describió como “una leyenda viva del rock del continente”, Lora irrumpió en el escenario con su característico paso firme, el puño en alto y el grito que lo ha consagrado: “¡Viva México, cabrones, y qué viva el rock and roll!”.
La colaboración entre Mateos y Lora fue explosiva. Juntos interpretaron “Las piedras rodantes”, un clásico del rock que el público coreó a pie de letra y vitoreó con entusiasmo. Mateos reveló que la idea del dueto había surgido durante una conversación telefónica: “somos dos piedras rodantes en el mundo del rock”.
El concierto continuó con canciones como “Es tan fácil romper un corazón”, “Desnúdate”, “Hagamos el amor” y “Lola”, esta última convertida en un manifiesto contra cualquier tipo de abuso. Mateos interactuó constantemente con el público, invitando a las mujeres a gritar “ya, ya, ya, ya” y a los hombres a responder con un resonante “ooooh”, creando un ambiente de camaradería y celebración.
La noche concluyó con “Obsesión”, un tema que selló la conexión entre Mateos y su público. La canción, que para muchos representa alegría y entusiasmo, fue cantada a coro por miles de voces, dejando una huella imborrable en la memoria de los asistentes.
Entre el público, se encontraban personas de diferentes generaciones, unidas por el amor a la música de Miguel Mateos. Rodrigo Martínez, de 34 años, relató que ha escuchado la música de Mateos desde los ocho años y que sigue disfrutándola en fiestas familiares. Tania García, proveniente de la delegación Tláhuac, asistió al concierto con su amiga Marisol Mendoza con la intención de revivir la época de los 80 y celebrar los 40 años del disco “Solos en América”. “Mi canción favorita es ‘Atada a un sentimiento’ porque me recuerda a mi primer novio”, compartió García, destacando la relevancia de las canciones de Mateos para las nuevas generaciones.
El concierto de Miguel Mateos en el Auditorio Nacional fue mucho más que un simple evento musical. Fue una celebración de la vida, el amor, la libertad y la pasión por el rock latino. Un encuentro intergeneracional que demostró que la música tiene el poder de unir a las personas y trascender el tiempo. La noche quedará grabada en la historia como un momento épico en la carrera de Miguel Mateos y un tributo inolvidable a “Solos en América”, el disco que lo catapultó a la fama y lo consagró como una leyenda del rock en español.
