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Goya tuvo una hija secreta: La historia que Madrid nunca contó

El escritor Sergio del Molino, dedica su última novela, 'La hija', a Rosario Weiss, discípula y ahijada de Francisco de Goya.

Goya tuvo una hija secreta: La historia que Madrid nunca contó

Madrid – El escritor Sergio del Molino, reciente ganador del Premio Alfaguara 2024, ha presentado su nueva novela, ‘La hija’, una profunda inmersión en la vida de Rosario Weiss, una artista largamente olvidada que estuvo íntimamente ligada a Francisco de Goya. La obra no solo rescata del olvido a esta figura femenina, sino que también plantea interrogantes sobre la relación entre el maestro y su alumna, y sobre cómo la historia ha silenciado las voces de las mujeres en el arte.

Weiss, nacida en 1814 y fallecida en 1843, fue hija de Leocadia Zorrilla y se crió en un ambiente culturalmente estimulante, conviviendo con Goya en la Quinta del Sordo y durante su exilio en Burdeos. La especulación sobre una posible filiación entre Goya y Weiss ha sido objeto de debate durante años, y Del Molino aborda esta controversia con sensibilidad y rigor histórico.

“Todas las historias de padres e hijos me interpelan mucho”, explica el autor, “y ésta en especial, porque hablando con especialistas me di cuenta de que ‘molestaba mucho’ la insinuación de que Goya tuviera una hija”. Del Molino detalla que los primeros biógrafos de Goya, influenciados por la versión oficial transmitida por el hijo del pintor, Javier Goya, veían a Weiss como una intrusa que amenazaba la herencia familiar. “A Javier le molestaba mucho que se considerara a Rosario como una posible heredera, una ‘bastarda’ que intentaba acaparar protagonismo”.

Sin embargo, la controversia persiste en la actualidad, aunque por razones diferentes. “Según algunas teorías feministas, que se diga que Rosario es hija de Goya es hacerle de menos, que nos interesemos por ella a través de Goya y no por Rosario en sí misma”, señala Del Molino. A pesar de estas tensiones, el autor subraya que “lo que es indudable es que Goya ejerció de padre y le enseñó a dibujar”.

En su breve pero prolífica vida, Weiss logró destacar como retratista, copista y litógrafa en un contexto dominado por hombres. Del Molino destaca la dificultad que enfrentaban las mujeres en el Romanticismo, una época mucho más hostil para ellas que el periodo ilustrado, cuando ya existía una preocupación por la educación femenina.

“Rosario es una mujer muy atípica”, afirma el escritor. “Crece en un entorno liberal y progresista, es muy libre, no solo en lo político, sino también en lo sexual, en lo afectivo, en lo íntimo. A Rosario nunca le imponen un novio ni un matrimonio, siempre tiene claro que quiere ser artista y su familia lo pone todo a su favor”.

La novela de Del Molino adopta un formato híbrido, combinando la ficción y la investigación histórica. La primera parte está narrada por Juan Antonio Rascón, un periodista y amigo de la familia que estuvo enamorado de Weiss en su juventud. La segunda parte presenta la voz del propio Del Molino, quien contempla el autorretrato de Weiss en el Museo del Prado más de un siglo después.

La trama se inicia con el relato del encargo realizado por el barón Émile d’Erlanger, propietario de la Quinta del Sordo, para trasladar al lienzo las pinturas negras de Goya. Del Molino plantea una hipótesis intrigante: los murales originales podrían no haber sido tan oscuros como se perciben actualmente. “Las pinturas negras empezamos a llamarlas así en 1928, hasta entonces no se veían tan negras; en la restauración de Martínez Cubells, cuando las arranca de los muros y las lleva al lienzo, las ennegrece mucho”.

El autor sugiere que en su momento las pinturas no se interpretaban como obras tan trágicas. “Es una especulación mía, pero creo que hay un componente de humor en las pinturas negras que hemos pasado por alto”, explica Del Molino. “Entroncan mucho con el humor de los caprichos, con el Goya más caricaturesco y sarcástico. Quizá podríamos empezar a mirarlas con otros ojos”.

En su novela, Del Molino sitúa la creación de Goya en un momento de “renacer artístico”, influenciado por el descubrimiento de la paternidad tardía, gracias a la presencia de una joven Weiss que aprende a dibujar y explora el mundo.

La obra de Rosario Weiss ha permanecido en gran medida perdida. El autorretrato que se exhibe en el Museo del Prado desde octubre de 2024, donde Weiss se representa como una alegoría de La Atención, fue descubierto en el verano de 2023 en una colección privada y había sido erróneamente atribuido.

Anteriormente, en enero de 2020, se dio a conocer la existencia de ‘La pasiega’, un pequeño óleo sobre lienzo firmado por “R. Weiss” y fechado en 1835, conservado en una colección particular de Alicante, aunque en estado precario.

La mayor colección de obras de Weiss que se conservan son los dibujos que atesora el Museo Lázaro Galdiano, adquiridos en su mayoría por José Lázaro a las sobrinas y herederas de Weiss. El investigador Carlos Sánchez Díez llevó a cabo un proyecto entre 2014 y 2015 que permitió identificar y estudiar muchos de estos dibujos inéditos, incorporándolos al catálogo de la Colección Lázaro.

Del Molino concluye con una reflexión optimista: “Yo creo que mucha gente igual tiene un Weiss en su casa y no lo sabe. Irán saliendo”. La novela ‘La hija’ no solo es una biografía novelada de una artista olvidada, sino también una invitación a reevaluar la historia del arte y a reconocer el talento femenino que ha sido silenciado durante siglos. La obra promete generar un renovado interés por la figura de Rosario Weiss y su legado artístico, abriendo un nuevo capítulo en la reescritura de la historia del arte español.

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