El músico peruano Saúl Cornejo Ávalos falleció el jueves 12 de febrero a los 79 años, dejando un vacío inmenso en la escena musical nacional. La noticia, confirmada por familiares, colegas y organizaciones como la Asociación Peruana de Autores y Compositores (APDAYC), marca el fin de una era para el rock peruano, un género al que Cornejo dedicó más de cinco décadas de su vida.
Nacido en enero de 1947 en Lima, Saúl Cornejo creció en un contexto musical vibrante, marcado por la “invasión británica” del rock and roll. Desde joven, la música se convirtió en su pasión, comenzando a tocar junto a su hermano Manuel en los barrios de Maranga, en San Miguel. Estos primeros pasos sentaron las bases de una carrera prolífica y diversa, que lo vería explorar diferentes estilos y formar parte de algunas de las bandas más influyentes del rock nacional.
En 1965, Cornejo fundó The New Juggler Sound, un cuarteto que rápidamente ganó popularidad en la escena limeña. Como guitarrista y vocalista, Cornejo compuso y grabó sus primeras canciones, “I Must Go” y “Baby, Baby”, que fueron lanzadas en un sencillo de 45 rpm. La banda, fuertemente influenciada por grupos internacionales como The Beatles, The Rolling Stones, The Zombies, The Animals, The Kinks y The Yardbirds, capturó la energía y el espíritu de la época, convirtiéndose en un referente para los jóvenes músicos peruanos.
Hacia 1968, The New Juggler Sound experimentó una transformación, adoptando el nombre Laghonia y adentrándose en el terreno del rock psicodélico. La llegada del guitarrista estadounidense Davey Levene fue clave en esta evolución, aportando nuevas texturas y sonoridades a la banda. Laghonia grabó una serie de sencillos exitosos, como “Glue / Billy Morsa”, “And I Saw Her Walking / Trouble Child” y “Bahía / The Sandman”, que fueron recopilados en el LP “Glue”. En 1971, la banda publicó “Etcétera”, un álbum que incorporó elementos progresivos, demostrando su capacidad de innovación y experimentación. A pesar de su éxito, Laghonia se disolvió poco después del lanzamiento de este álbum, marcando el fin de una etapa importante en la carrera de Cornejo.
Sin embargo, la pasión de Cornejo por la música no se detuvo ahí. En la década de 1970, formó We All Together, un proyecto que se alejó de la psicodelia y se inclinó hacia el soft rock, influenciado por bandas como Wings. El grupo grabó dos discos y un mini-LP que recibieron una buena acogida en la radio limeña. Uno de los temas más conocidos de We All Together fue “Lo Más Grande Que Existe Es El Amor”, una canción que se convirtió en un himno para una generación.
En 1975, Cornejo se unió al conjunto Sudamérica, un grupo orientado al folk-rock en castellano. Con canciones como “Yo No Sé Señor” y “Contaremos Las Estrellas”, Sudamérica exploró temas sociales y políticos, conectando con el público a través de letras significativas y melodías pegadizas.
A principios de los años ochenta, Cornejo demostró su versatilidad como productor, trabajando en el álbum del grupo Rollets. Paralelamente, instaló su propio estudio de grabación, donde se desempeñó como ingeniero y productor para numerosas bandas. Su estudio se convirtió en un espacio clave para la escena musical peruana, atrayendo a artistas de diferentes géneros, incluyendo a Pedro Suárez-Vértiz, quien grabó gran parte de su música en este estudio.
La Sociedad Nacional de Intérpretes y Ejecutores de la Música y la APDAYC han destacado la trayectoria de Saúl Cornejo y su invaluable aporte al desarrollo de la industria musical peruana durante más de cinco décadas. Su legado como compositor, guitarrista, productor y pionero del rock nacional perdurará en el tiempo, inspirando a futuras generaciones de músicos.
El velatorio de Saúl Cornejo se está llevando a cabo en la Parroquia Jesús Redentor, donde el público puede presentar sus condolencias hasta este viernes 13 de febrero a las 4:00 p.m. La partida de Saúl Cornejo representa una pérdida irreparable para la música peruana, pero su obra y su espíritu seguirán vivos en cada acorde, en cada canción y en cada corazón que haya sido tocado por su música. Su contribución al desarrollo del rock nacional es incalculable, y su nombre quedará grabado para siempre en la historia de la música peruana. Su capacidad de adaptación y su constante búsqueda de nuevas sonoridades lo convirtieron en un artista único y visionario, que supo capturar la esencia de su tiempo y transmitirla a través de su música. Saúl Cornejo no solo fue un músico talentoso, sino también un mentor y un inspirador para muchos jóvenes artistas, que encontraron en él un ejemplo de perseverancia, creatividad y pasión por la música. Su legado perdurará como un faro para las futuras generaciones de músicos peruanos, que seguirán explorando nuevos caminos y llevando el rock nacional a nuevas alturas.


