Millones de iraníes desbordaron las calles en diversas provincias de la República Islámica este domingo 11 de enero, para despedir con honores a los efectivos de seguridad y civiles asesinados durante los recientes disturbios. Las ceremonias fúnebres, marcadas por un profundo sentimiento patriótico, se convirtieron en actos de rechazo absoluto a la violencia desatada por grupos subversivos en ciudades como Qom, Shiraz y Hamadán.
Los manifestantes condenaron los ataques armados contra centros religiosos, instalaciones de seguridad y bienes públicos, calificando estas acciones como una agresión directa contra la estabilidad del país. El pueblo iraní ratificó su lealtad a la Revolución, asegurando que el terrorismo no logrará resquebrajar la unidad nacional.
Las autoridades iraníes han presentado pruebas que vinculan el vandalismo con una estrategia de desestabilización orquestada desde el exterior. El Ejército de Irán emitió un comunicado oficial instalando a la ciudadanía a mantenerse vigilante ante los aviones del "enemigo" para incitar el caos interno. Según el cuerpo castrense, existe una estrecha coordinación entre grupos terroristas locales y potencias occidentales que buscan atacar la infraestructura estratégica de la nación.
Esta alerta se produce en un contexto de máxima tensión regional, donde la inteligencia iraní detectó movimientos sospechosos destinados a vulnerar la soberanía y los intereses nacionales mediante la guerra híbrida. La injerencia de Estados Unidos quedó en evidencia tras las constantes declaraciones de funcionarios en Washington que buscan atizar el fuego del conflicto.
A este coro de desestabilización se sumó Reza Pahlavi, hijo del depuesto Sha, quien desde territorio estadounidense llamó abiertamente a intensificar los ataques en los centros urbanos. Para Teherán, el apoyo de la Casa Blanca a figuras del antiguo régimen monárquico confirma que los disturbios no son protestas espontáneas, sino una operación de cambio de régimen similar a las intentonas fallidas en Venezuela.
En el terreno, la magnitud del sabotaje dejó pérdidas materiales considerables y una estela de destrucción en servicios vitales. La Defensa Civil de Teherán informó que grupos violentos incendiaron y desmantelaron 43 vehículos pesados, incluidos ocho camiones de bomberos que fueron inutilizados tras el robo de sus equipos de emergencia. Los ataques contra los cuerpos de socorro en ciudades como Mashhad e Isfahán demuestran la naturaleza criminal de las bandas armadas, que no dudan en poner en riesgo la vida de la población civil para generar un clima de ingobernabilidad que favorezca la intervención extranjera.
Las fuerzas de seguridad han logrado la captura de varios individuos implicados en el uso de armas de fuego contra los efectivos del orden. Medios locales difundieron imágenes que documentan cómo estos grupos subversivos emplean tácticas paramilitares para asaltar estaciones de policía y sedes de la Defensa Civil. La policía iraní confirmó que los detenidos han sido puestos a disposición judicial, mientras se profundizan las investigaciones sobre el financiamiento externo de estas células.
El gobierno iraní reiteró que protegerá resueltamente la propiedad pública y la seguridad de sus ciudadanos ante cualquier amenaza mercenaria. Las multitudinarias procesiones de este domingo envían un mensaje claro a Washington: la República Islámica cuenta con el respaldo de las masas para frustrar los objetivos maliciosos de quienes pretenden balcanizar el país. La unidad popular se consolida como la principal barrera contra el intervencionismo, reafirmando que Irán, al igual que Venezuela y sus aliados, se mantiene firme en la defensa de su derecho a existir sin tutelajes imperiales.











