A diez años de la muerte de David Bowie, el mundo recuerda a uno de los artistas más influyentes y versátiles de la historia. Nacido como David Robert Jones en Brixton, Londres, Bowie mostró desde niño una inclinación por el arte, la música y la performance.
A lo largo de su carrera, Bowie se reinventó constantemente, transformándose en Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el Duque Blanco y una infinidad de personajes que desafiaron las convenciones. Su imagen, obsesivamente cuidada, lo convirtió en un ícono del glam rock y en un referente de la cultura pop.
Canciones como "Changes", "Starman", "Heroes" y "Modern Love" marcaron generaciones y definieron la música contemporánea. Bowie se movía con naturalidad entre el pop, el rock, el punk, el soul y el glam, demostrando que su esencia estaba en la innovación. Incluso sorprendió al formar la banda Tin Machine, explorando el rock duro.
Consciente de su enfermedad, Bowie transformó su despedida en una obra artística. Su último álbum, "Blackstar", lanzado dos días antes de su muerte, se interpreta hoy como un testamento creativo. El documental "Bowie: The Final Act", estrenado por Channel 4, repasa su legado y lo define como "profeta cultural", alguien que vivía con un pie en el presente y otro en el futuro.
Diez años después de su partida, Bowie permanece en la memoria colectiva. Su música, su estética y su audacia lo mantienen como uno de los grandes de todos los tiempos. El "Camaleón del Rock" convirtió su vida en una actuación continua y su muerte en un acto final de arte.












