El cuidado del medio ambiente es una tarea que requiere un delicado equilibrio entre los principios éticos y los conocimientos técnicos. Como bien señala el autor, la defensa apasionada de la "casa común" debe ir acompañada de un rigor y una transparencia que permitan tomar decisiones informadas y efectivas.
La encíclica Laudato Si' del papa Francisco establece claramente que el medio ambiente es un bien colectivo, cuya protección es responsabilidad de todos. Sin embargo, esta exhortación moral necesita complementarse con auditorías, estudios actualizados y monitoreo independiente que aporten los datos y el peritaje técnico necesarios.
Aquí radica uno de los principales desafíos: conjugar la ética y la técnica, de modo que las afirmaciones sobre los problemas ambientales se sometan a un escrutinio científico riguroso. Confundir una encíclica con un informe técnico puede llevar a conclusiones apresuradas y a decisiones que no se sustentan en evidencias sólidas.
El autor hace hincapié en la importancia de la transparencia y la participación ciudadana en estos temas. Las cifras ambientales deben venir acompañadas de sus fuentes primarias, para que la opinión pública pueda distinguir entre alarmas fundadas y conjeturas. Sólo así se podrá evitar que el discurso pierda solidez y que la deliberación política se degrade.
En este sentido, el papel de los comunicadores es crucial. Deben contrastar fuentes, exigir pruebas y dar espacio a voces periciales, evitando caer en la polarización y la retórica vacía. Presentar evidencias no es una traición a la fe, sino la forma más fiel de respetarla y de proteger a las comunidades.
La doctrina social de la Iglesia reconoce que la explotación de recursos puede ser aceptable si se realiza bajo marcos regulatorios estrictos, con participación comunitaria real y mecanismos de mitigación y reparación. Negar esta matización empobrece el discurso y dificulta la búsqueda de soluciones justas y sostenibles.
En definitiva, la mejor manera de honrar la enseñanza moral es convertirla en instituciones que protejan el bien común. La fe nos llama a cuidar la creación, y la doctrina social de la Iglesia nos recuerda la obligación de hacerlo con justicia y prudencia. Para ello, es imprescindible que la pasión por la justicia ambiental se traduzca en evidencia, peritaje y diálogo.












