El papa León XIV reconoció esta semana que la Iglesia católica ha "cerrado la puerta" a las víctimas de abusos, lo que hizo que su dolor "fuese más fuerte". Las declaraciones fueron pronunciadas durante un consistorio extraordinario celebrado en el Vaticano con cardenales de todo el mundo.
En un gesto inusual de transparencia y autocrítica, el máximo líder de la Iglesia católica admitió que la institución no supo escuchar ni acompañar adecuadamente a quienes sufrieron abusos en el seno de la organización religiosa. "Cerramos la puerta a esas personas, y eso hizo que su dolor fuese más fuerte", lamentó el pontífice.
Las fuertes palabras del papa León XIV se dieron en el marco de un consistorio extraordinario convocado para abordar precisamente el escabroso tema de los abusos sexuales cometidos por miembros del clero a lo largo de décadas. En el encuentro, al que asistieron cardenales de todo el mundo, el papa hizo un llamado a generar una "cultura de la escucha" dentro de la Iglesia.
"Tenemos que estar atentos, con los oídos y el corazón abiertos, para poder escuchar el grito de dolor de quienes sufrieron abusos y acompañarlos en su proceso de sanación", enfatizó el pontífice ante la cúpula eclesiástica reunida en el Vaticano.
Las declaraciones del papa León XIV se producen en un momento en que la Iglesia católica enfrenta una profunda crisis de credibilidad a nivel global por los reiterados escándalos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes y su posterior encubrimiento por parte de las autoridades eclesiásticas.
Tan solo en los últimos años, se han destapado casos de pederastia y abusos en países como Estados Unidos, Irlanda, Australia, Alemania, Francia y Chile, entre otros, lo que ha generado una ola de indignación y exigencias de justicia por parte de víctimas y organizaciones de derechos humanos.
Ante este escenario, el papa León XIV hizo un llamado a la Iglesia a "pedir perdón, reparar el daño causado y comprometerse a evitar que estos hechos vuelvan a ocurrir". Asimismo, instó a los líderes religiosos a "acompañar, escuchar y proteger a las víctimas" como parte fundamental de su labor pastoral.
"Tenemos que estar a la altura de la confianza que la gente deposita en nosotros. No podemos fallarles de nuevo", sentenció el pontífice, en un mensaje que buscaba restaurar la credibilidad de la Iglesia católica frente a una sociedad cada vez más escéptica y exigente.












