La soja argentina ha tenido un sólido arranque reproductivo en la región núcleo, según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario. La mayor parte de los lotes de soja de primera ya transita estadios reproductivos, con un cultivo que muestra un buen estado general, pero con expectativas condicionadas a que las lluvias acompañen en las próximas semanas.
Con un 80% de la soja de primera iniciando floración (R1), un 15% en plena floración (R2) y un 3% comenzando la fructificación (R3), el cultivo entra en una fase decisiva para la definición del rendimiento. La condición es ampliamente favorable, con el 75% de los lotes calificados entre excelente y muy bueno, un 24% en buen estado y apenas un 1% regular.
Sin embargo, en los ambientes más limitantes ya comienzan a observarse síntomas de estrés hídrico, que podrían agravarse si no se registran lluvias en el corto plazo. Los técnicos de la región señalan que la soja "necesita un golpe más de agua para pegar el estirón final y cerrar el entresurco", una condición clave para sostener el potencial productivo cuando el cultivo incremente su demanda hídrica.
Además, existe una creciente preocupación por el avance de malezas difíciles, en particular el yuyo colorado, que continúa presionando sobre los costos de producción ante la escasa disponibilidad de herramientas de control efectivas.
Por otro lado, el maíz temprano también transita días determinantes en la región núcleo. Luego de un diciembre que había consolidado muy buenas perspectivas, la interrupción de las lluvias y la primera ola de calor del verano provocaron un deterioro en su estado.
La soja de segunda también muestra un desarrollo favorable, transitando estadios vegetativos con bajos requerimientos de agua por el momento. Solo en lotes de menor calidad aparecen señales leves de estrés.
Durante la primera semana de enero se registraron precipitaciones aisladas y muy variables en la zona GEA, con acumulados más significativos en el sudeste de la región. En el resto del área, los registros apenas superaron los 10 milímetros, lo que comenzó a reflejarse en un deterioro de las reservas de humedad del suelo.
Las temperaturas máximas se mantuvieron elevadas para la época, con valores de entre 35 y 38 C, mientras que las mínimas resultaron bajas, generando un contraste térmico marcado. Como resultado, las áreas con reservas escasas de agua aumentaron respecto de la semana previa y ya cubren gran parte de la región núcleo, con focos de sequía incipiente hacia el oeste.
Según el análisis climático del GEA, enero continuará mostrando un patrón de lluvias errático y mayormente deficitario, más parecido a diciembre que a noviembre. Sin embargo, no se espera una ausencia prolongada de precipitaciones, sino eventos intermitentes que podrían aportar alivio parcial al cultivo.
En el momento más exigente de la campaña, cuando la soja incrementa al máximo su demanda de agua, las reservas presentan un marcado gradiente: mejores condiciones hacia el norte, escasez en la zona núcleo y situaciones de sequía en el sudoeste.
Por ahora, el buen desarrollo de los cultivos se explica en gran medida por el aporte de napas que se recuperaron durante el invierno y la primavera. El desafío, de aquí en más, será que las lluvias acompañen para que la soja pueda transformar este buen arranque en rendimientos acordes al potencial que hoy muestra el cultivo.











