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El Puentecito, el histórico restaurante de Buenos Aires que conserva su espíritu colonial

El Puentecito, el histórico restaurante de Buenos Aires que conserva su espíritu colonial

El Puentecito, uno de los sitios más antiguos de Buenos Aires, se mantiene firme en el tiempo conservando su espíritu colonial y convirtiéndose en un clásico de la gastronomía porteña. Ubicado en la esquina de Vieytes y Luján, en el barrio de Barracas, este restaurante tiene una historia que se remonta a 1750, cuando funcionaba como una pulpería que convocaba a gauchos y viajantes.

Nacido hace más de 270 años, El Puentecito ha atravesado diversas transformaciones a lo largo de su trayectoria, pasando de ser una pulpería a un despacho de bebidas y un almacén, hasta llegar a convertirse en el restaurante que conocemos hoy en día. Si bien su nombre hace referencia a la calle Puentecito, que actualmente se conoce como Pedro Luján, la esquina donde se ubica el local tuvo una importancia estratégica en el pasado, ya que allí se encontraba el puente Gálvez, también conocido como el puente Pueyrredón viejo, de madera, construido por un estanciero con tierras en Avellaneda, a pocos metros del Riachuelo.

El Puentecito funciona como restaurante desde 1873 y es el establecimiento más antiguo que se mantiene en el mismo sitio desde su fundación. Solo El Imparcial, abierto en 1860 y mudado a su actual sede en 1933, lo supera en antig edad. Sin embargo, El Puentecito se enorgullece de ser el que lleva más años en el mismo lugar, conservando su fachada original.

A lo largo de su historia, el local ha sido testigo de importantes acontecimientos políticos. En 1912, desde uno de sus balcones, Hipólito Yrigoyen dio el discurso que lanzó su candidatura a la presidencia. Años más tarde, el dirigente socialista Alfredo Palacios también utilizó el lugar como tribuna. Incluso, el expresidente Raúl Alfonsín fue un cliente habitual, incluso durante su mandato.

Además de su relevancia histórica, El Puentecito se destaca por su oferta gastronómica, que se centra en la comida española. Entre sus especialidades se encuentran los mariscos, como los langostinos al ajillo o rebozados, el pulpo con pimentón, aceite de oliva y papa al natural, la parrilla y los pescados, como el abadejo a la gallega o el pacú. También ofrecen platos típicos de la cocina argentina, como las costillas de cerdo a la riojana, las rabas y el asado de tira.

Pero El Puentecito no solo es un restaurante, sino también un museo viviente. En su interior, los visitantes pueden encontrar una representación de gauchos tomando mate junto a un fogón, así como una gran variedad de objetos antiguos que se utilizaban en el local, como balanzas de alimentos, sifones de vidrio, sillas, latas de alimentos e instrumentos musicales. Además, cuenta con un aljibe y las antiguas cocinas económicas a leña.

Uno de los récords más curiosos de El Puentecito es el de un cliente, Carlos Fernández, de 70 años, que en una sola visita logró batir todos los récords de permanencia en el local. Según cuentan, el hombre llegó a almorzar, hizo la sobremesa, merendó, pasó la tarde, cenó y, finalmente, desayunó al día siguiente antes de irse.

Con más de 270 años de historia, El Puentecito se ha convertido en un verdadero ícono de la gastronomía porteña, conservando su espíritu colonial y adaptándose a los tiempos modernos. Un clásico que sigue cautivando a comensales y visitantes, quienes pueden disfrutar de una experiencia gastronómica única en un entorno histórico y lleno de encanto.

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