La Ópera Nacional de Washington ha tomado la decisión de abandonar el emblemático Centro Kennedy para las Artes Escénicas, donde ha tenido su sede desde 1971. Esta medida se debe a las importantes dificultades financieras que enfrenta la compañía, que incluyen una caída del 40% en la venta de boletos durante el último año, así como una reducción en los apoyos y el retiro de varios artistas.
Según informó el The New York Times, la junta directiva de la Ópera Nacional aprobó una resolución para trasladar sus presentaciones y convertirse en una organización independiente sin fines de lucro. Esto implica que deberán desalojar el teatro del Centro Kennedy, que tiene capacidad para 2,364 espectadores, y reducir el número de funciones de la próxima temporada como medida de control de costos.
Los directivos de la compañía han indicado que ya han identificado recintos alternativos en la capital estadounidense para sus presentaciones, aunque aún no han cerrado los contratos de arrendamiento correspondientes. Esta salida se suma a la decisión de otros artistas y agrupaciones de concluir su relación con el emblemático Centro Kennedy, aunque en cada caso las razones han sido diferentes e independientes.
La crisis financiera que enfrenta la Ópera Nacional de Washington se enmarca en un contexto más amplio de dificultades que han afectado a diversas instituciones culturales en Estados Unidos en los últimos años. La pandemia de COVID-19, la reducción de apoyos públicos y privados, y los cambios en los hábitos de consumo del público han puesto a prueba la sostenibilidad de muchas organizaciones artísticas.
En el caso de la Ópera Nacional de Washington, la caída del 40% en la venta de boletos durante 2022 evidencia la necesidad de reestructurar su modelo de negocio y buscar alternativas que les permitan mantener sus actividades. La decisión de convertirse en una organización independiente sin fines de lucro podría brindarles mayor flexibilidad y autonomía para afrontar estos desafíos.
Sin embargo, el abandono del emblemático Centro Kennedy, que ha sido su hogar durante más de cinco décadas, representa un duro golpe simbólico para la compañía. Este movimiento refleja la compleja realidad que enfrentan muchas instituciones culturales en Estados Unidos, que deben adaptarse a un entorno cada vez más exigente y competitivo.











