Los exclusivos restaurantes de Chile han implementado una nueva política para enfrentar el problema del "no show" en las reservas. Ahora, los locales más galardonados cobran fuertes penalidades, que pueden llegar hasta los $100.000 por persona, si los comensales no se presentan sin previo aviso.
Esta tendencia, que ha escalado rápidamente, responde a la crisis silenciosa que los dueños de restaurantes han denunciado por años: la pérdida económica directa que genera una mesa bloqueada que finalmente queda vacía. Según Felipe Guerra, socio del restaurante Kilú en Providencia, "los establecimientos no sólo venden comida, sino que comercializan tiempo y espacio, recursos que son perecederos".
Bajo esta lógica, cuando un comensal reserva y no llega, el restaurante ya ha incurrido en costos operativos, compra de insumos frescos y asignación de personal, además del lucro cesante por haber rechazado a otros clientes potenciales.
La implementación de estas garantías opera principalmente a través de plataformas digitales de reservas. Al momento de solicitar la mesa, el sistema exige el ingreso de una tarjeta de crédito. Si el usuario no cancela dentro de los plazos establecidos, generalmente 24 horas de antelación, el cobro se ejecuta automáticamente.
Aunque la medida ha generado incomodidad en algunos sectores, se ampara en la normativa vigente de protección al consumidor, siempre que existan reglas claras. El Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) ha establecido criterios donde este tipo de cobros son admisibles si la empresa informa las condiciones de manera veraz y oportuna antes de finalizar la reserva, obteniendo así el consentimiento expreso del cliente sobre la penalidad.
La masificación de esta política encendió las alarmas al otro lado de la cordillera, justo en el inicio de la temporada alta. Fue el medio argentino Diario Uno el que puso el tema en la agenda pública al publicar una advertencia explícita para sus ciudadanos que veranean en Chile, instándolos a tener extremo cuidado con las reservas gastronómicas y alertando sobre descuentos automáticos en sus tarjetas de crédito si olvidaban cancelar una cena.
Para el turista extranjero, este cobro representa un doble golpe, pues no sólo implica la multa del restaurante, sino también la afectación de su cupo en dólares y los impuestos asociados a las compras en el exterior.
Esta tensión entre la protección del negocio gastronómico y la experiencia del cliente marca el pulso de la industria en 2026, donde el "no show" dejó de ser un simple incumplimiento para convertirse en una transacción financiera garantizada.












