En un momento crítico de la historia venezolana, el rumbo del país está siendo disputado y definido por dos figuras femeninas que representan proyectos muy distintos para los venezolanos: Delcy Rodríguez y María Corina Machado.
Delcy Rodríguez, actual vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, es una de las principales aliadas del presidente Nicolás Maduro y forma parte del círculo más cercano del gobierno chavista. Por su parte, María Corina Machado es una reconocida opositora al régimen, líder del partido Vente Venezuela y una de las voces más críticas contra el autoritarismo en el país.
La disputa entre estas dos mujeres se ha intensificado en los últimos meses, con Delcy Rodríguez ejerciendo un férreo control sobre el aparato estatal y María Corina Machado liderando las protestas y la movilización de la oposición. Ambas representan visiones antagónicas sobre el futuro de Venezuela: mientras Delcy defiende la continuidad del modelo socialista, María Corina aboga por un cambio radical hacia la democracia y el libre mercado.
En este contexto, la decisión del expresidente Donald Trump de reunirse con Delcy Rodríguez, pero no con María Corina Machado, ha generado polémica y ha sido interpretada como un giro en la política exterior estadounidense hacia Venezuela. Algunos analistas consideran que Trump podría estar buscando un acercamiento con el gobierno de Maduro, a pesar de las sanciones y la presión internacional que ha ejercido contra el régimen.
Sin embargo, otros expertos sostienen que la elección de Delcy Rodríguez obedece más a cálculos pragmáticos que a un cambio de rumbo. Argumentan que, dado el control que ejerce Rodríguez sobre el aparato estatal, cualquier negociación o acuerdo con Venezuela tendría que pasar inevitablemente por ella.
Lo cierto es que la disputa entre Delcy Rodríguez y María Corina Machado refleja la profunda polarización que vive Venezuela y la dificultad de encontrar una salida negociada a la crisis política y económica que azota al país. Mientras una apuesta por la continuidad del chavismo, la otra encarna la esperanza de un cambio radical hacia la democracia. El futuro de Venezuela parece estar en manos de estas dos mujeres que representan proyectos antagónicos para el país.












